Tristeza
En los evangelios hay diversas manifestaciones de tristeza, también por diversas motivaciones de la misma. Se entristeció el rey Herodes por la petición que le hizo la hija de Herodías (Mt 14,9; Mc 6,26); el joven rico, por la llamada del Señor, que le exigía dejar sus riquezas (Mt 19,22; Mc 10,22; Lc 18,23); los obreros, por la actitud inmisericorde de un compañero de trabajo (Mt 18,31); los apóstoles, por el anuncio de la pasión del Señor (Mt 17,23; Mc 14,19; Jn 16,6); Pedro se entristeció porque Jesucristo le insistía en que si le amaba (Jn 21,17); se entristeció el mismo Jesucristo ante la pasión (Mt 26,37-38; Mc 14,34). Pero en la tristeza se engendra la alegría. Esta es una de las paradojas del Evangelio: los apóstoles estarán ahora tristes, pero luego tendrán la plenitud del gozo (Jn 16,20), exactamente igual que la mujer, triste ante el parto, pero gozosa después de él (Jn 16,21-22), y todo ello en espera de la definitiva y eterna desaparición de las lágrimas (Ap 7,17; 21,4).
E. M. N.
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