Testigo
La palabra griega martyria puede significar: 1) afirmar lo que se ha visto para que los demás se convenzan de ello; 2) especialmente en el juicio, testificar para que el juez haga justicia; 3) el justo, con su conducta, da testimonio de Dios; 4) el testimonio por antonomasia es el del mártir, que firma con su sangre lo que afirma. Sin testigos declarantes no puede haber sentencia penal (Núm 5,13). Hacían falta, por lo menos, dos o tres testigos coincidentes (Dt 19,15-16; Núm 35,30; Mt 26,59-61; Mc 14,56-57). Los falsos testigos eran duramente castigados (Dt 19,16-20; 1 Re 21,10-13; Dan 13,34-41); los sabios de Israel anatematizan al testigo falso (Prov 19,9); había obligación grave de testificar (Lev 5,1.5.6).
Los evangelios sinópticos hablan de testimonio en su sentido corriente en un juicio (Mt 18,16; 26,65; Mc 14,63). El evangelio de San Juan nos habla de un variado testimonio acerca de Jesucristo: dar testimonio de Jesucristo para que todos crean en El, en su mesianidad y en su divinidad. La fe en Jesucristo es una fe razonada, apoyada en múltiples testimonios: el testimonio de las Sagradas Escrituras, del que el mismo Jesucristo echa mano (Jn 5,39); del Padre (Jn 5,31.32.37; 8,40; 12,28; 1 Jn 5, 9-11; Lc 9,35); del Espíritu Santo (Jn 15,26; 16,14); de los milagros (Jn 10,38); de las profecías (Jn 12,26.38-40; 13,18; 14,26; 19,24); de Juan Bautista (Jn 1,6.15.19.29.35; 3,27; 5,33); de los apóstoles (Jn 15,27), que son testigos excepcionales de la resurrección de Jesucristo (Act 1,21; 4,33), que estarán asistidos por el Espíritu Santo cuando tengan que testificar ante los tribunales (Mt 10,18; Lc 12,10-12; Act 6,16); entre los apóstoles hay dos testigos de excepción: Juan, que testifica lo que vio (1 Jn 4,14), y Pedro, que dará el supremo testimonio del martirio (Jn 21,19).
E. M. N.
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