Temor de Dios
El temor de Dios se impone en el hombre como una consecuencia de la suprema soberanía y omnipotencia de Dios. Ante la presencia de Dios, el hombre se sobrecoge, se llena de temor. Así Abrahán (Gén 15,1), Jacob (Gén 28,17), Moisés (Ex 3,6), Isaías (Is 6,5), Zacarías (Lc 1,12), la Santísima Virgen (Lc 1,30), los pastores (Lc 2,9-10). Es un temor lleno de respeto y de veneración que conduce a la obediencia, a la disponibilidad absoluta. El temor de Dios es el principio de la sabiduría (Sal 111,10) y de la vida (Prov 14,27). El temor de Dios sigue siendo norma en el N. T. (Lc 1,50), pero sin que caiga nunca en miedo servil de esclavo, que sería incompatible con el amor y la confianza de los hijos de Dios (Rom 8,15; 1 Jn 4,18).
E. M. N.
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