Siervo de Yahvé
Título solemne dado a algunos personajes importantes, como Moisés, el siervo por excelencia (Ex 4,10; 14,31; Núm 11,11; Dt 3,24); Josué, David; luego, en la segunda parte de Isaías, a todo el pueblo de Israel, escogido por Dios para ser su testigo entre las naciones. Según los famosos cánticos del Siervo (Is 42,1-4.5-9; 49,1-6; 50,4-9.10-11; 52,13-53,12), he aquí la personalidad del Siervo de Yahvé: es un personaje futuro, un predestinado por Yahvé desde el seno materno para una misión extraordinaria; Dios le llena su espíritu; es a la vez nacionalista y universalista. En su proyección nacional debe llevar a cabo la restauración de Israel y una nueva y definitiva alianza; en su proyección universal, debe ser luz para las naciones: una misión pacífica, pero trabajosa y difícil, que llevará a cabo sin desmayo y confiando plenamente en Yahvé y que tendrá su cumplimiento cabal en la aceptación voluntaria del dolor y de la muerte como sacrificio expiatorio por los pecados de los hombres. Como recompensa a su obediencia, el Siervo tendrá una gran descendencia. Será glorificado. En esta pasión y en esta glorificación se cumple el designio salvífico de Dios sobre la humanidad. Los evangelios han reconocido en este Siervo de Yahvé a Jesús (Mt 26,67-68; 27,26; Mc 15,19; Lc 6,29; 22,37.65; Jn 1,29; 19,1).
E. M. N.
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