Profanar
Lo profano, etimológicamente, significa lo corriente, lo común, lo accesible a todos; en contraposición a lo sagrado, que es lo dedicado a Dios, lo separado del uso corriente, lo trascendente, lo inaccesible; profano llegó a significar impuro. De aquí que profanar es no distinguir entre lo sagrado y lo impuro, tratar a lo sagrado como si fuera una cosa cualquiera, traer a la esfera de lo vulgar y corriente lo que está y debe seguir estando en una esfera sacra (cf. Ez 22, 26). Así, la mayor profanación que el hombre puede hacer es usar el nombre de Dios a la ligera, como se usa cualquier otro nombre (Ex 20, 7). El A. T. establece unas leyes sobre los alimentos profanos e impuros (Lev 11; Dt 14). Los fariseos habían llevado al extremo de un riguroso y vano formulismo la normativa sobre la pureza legal, que identificaban con la pureza interior. Jesucristo dejó bien claramente establecido que lo impuro y lo que de verdad profana al hombre es lo que sale de su interior, las malas palabras, las malas intenciones, los malos pensamientos y deseos (Mt 15, 11. 18. 20; Mc 7, 2. 5. 15. 18. 20. 23).
E. M. N.
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