Obras
Los evangelios hablan de las obras con una connotación religiosa. Jesucristo trabaja al igual que su Padre, el cual está en constante jornada de trabajo (Jn 5,17), y realiza las obras que le ha encomendado su Padre (Jn 5,36); su alimento es hacer la voluntad del Padre y llevar a cabo su obra (Jn 4,34); ahí radica su misión: en trabajar en las obras del Padre (Jn, 4; 10,25). Las obras de Jesucristo son al propio tiempo del Padre (Jn 14,10); entre todas las obras que el Padre le ha encomendado, hay una, la principal entre todas: salvar a los hombres con su muerte en la cruz (Jn 17,4).
El Diablo también realiza obras, por supuesto, malas (Jn 8,41; 1 Jn 3,8). El hombre debe trabajar (Mt 9,37-38; Lc 10,2) en el tiempo apto (Lc 13,14; Jn 9,4); debe hacer obras buenas que sirvan incluso de ejemplo a los demás (Mt 5,16), y nunca obras malas (Mt 23,3; Lc 11,48; Jn 3,19; 7,7). El que obra mal aborrece la luz -que es Jesucristo-, para que sus obras no sean censuradas; pero el que obra bien ama la luz y va a la luz, para que sus obras sean manifestadas, pues están hechas en Dios (Jn 3,20-21). La obra buena, la obra de Dios, es creer en Jesucristo (Jn 6,28-29). El hombre, con los talentos que Dios le ha dado, debe producir obras buenas (Mt 25,16; Lc 19,16; Jn 6,27). Dios retribuirá a cada uno según sus obras (Mt 16,27; Lc 13,27). Pero bien entendido que no son las obras las que justifican al hombre, sino la fe (Rom 3,27; 4,2.6; Gál2,16; 3, 2.5.10), aunque, por otra parte, la fe sin obras es una fe muerta (Sant 2,14.17. 20-26). -milagros; signos.
E. M. N.
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