Médico
En el A. T. se piensa que la enfermedad es provocada por Dios, como castigo por los pecados cometidos (Ex 9,15; 15,26; Dt 32,39). Es, por tanto, inútil acudir a los médicos (2 Crón 16,12); es mejor acudir a los representantes de Dios (los profetas), para buscar por su medio la curación (1 Re 13,6; 17,17; 2 Re 2,20; 4,18; 5,3; 20,7; Is 1,6; 3,7; Jer 8,22; 30,13). En la época del N. T. se sigue pensando que la enfermedad es un castigo de Dios por el pecado (Jn 5,14). Jesucristo también cura enfermedades (Lc 4,19); el poder de curar es considerado como un carisma (Mt 10,8). Se manifiesta un claro escepticismo hacia los médicos, a los que no se trata nada bien (Mc 5,26; Lc 4,23; 8,43), aunque se reconoce el ejercicio de su profesión como útil e incluso necesario para los enfermos (Mt 9,12; Mc 2,17; Lc 5,31).
E. M. N.
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