Limosna
En el A. T. no hay un vocablo que signifique concretamente "limosna". El concepto de limosna suele ir incluido en el de gracia o en el de justicia. Tob 4,7-12 es un buen tratado, en síntesis, sobre la limosna. La limosna puede ser un medio para restablecer la justicia, al dar al mendigo lo que pide y a lo que realmente tiene derecho (Mc 10,46; Lc 18,35; Jn 9,8; Act 3, 2-3). La limosna debe ser hecha en secreto y sin ostentación (Mt 6,2-4). Jesús recomienda la limosna (Lc 11, 41), incluso la exige a sus discípulos (Lc 12,33), la elogia (Mc 12,41-46), y él mismo la practica (Jn 13,29). La limosna tiene, además, una virtud purificadora (Lc 11,41). En la primitiva Iglesia, cuando se valoraba la limosna en su justa medida, los bienes eran comunes y se repartían con los pobres (Act 4,32-5,11); Pablo hizo una colecta entre las comunidades ricas para aliviar las necesidades de las comunidades pobres (Act 11,29-30; 24,17; Rom 15,28; 1 Cor 16,1-4; 2 Cor 8-9; Gál 2,10). La limosna hecha sin caridad y sin humildad carece de valor, es inane y vacua (1 Cor 13,3).
E. M. N.
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