Hombre
Los evangelistas ven siempre al hombre, no en sí mismo, sino bajo el aspecto religioso, en sus relaciones con Dios. El cuerpo designa al hombre, a la persona humana, en su totalidad, como una unidad, en la que los miembros están perfecta y armoniosamente conjuntados (Mt 5,30; 6,25). De la misma manera, el alma designa al hombre entero en cuanto ser vivo, consciente y dotado de voluntad (Mt 10,28; 16,26; Lc 9,56; 12,19.20; Jn 12,27); esta vida está dirigida y determinada por Dios (Mt 6,26-30). El hombre está también dotado de inteligencia, la cual está frecuentemente expresada por el corazón; así tenemos que el hombre, ser inteligente, es capaz de querer, de amar, de elegir, de rechazar, como responsable de sus actos (Mt 6,21; 15,8; Lc 2,19; 8,15; Jn 12,40). El hombre es una criatura y, como tal, está en plena dependencia de Dios (Mt 6,26-30; 10,28); pero el hombre es débil (Mc 14,38) y puede romper la dependencia de Dios, desobedecerle y pecar (Jn 8,34). Le cabe la solución del arrepentimiento con la seguridad de ser perdonado por Dios (Mc 1,4; Lc 17,3; 24,47). hijo del h.; alma; cuerpo.
E.M.N.
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