Extranjero
El A. T. distingue entre el extranjero propiamente tal, el que no es de la estirpe judía, el pagano, que es siempre considerado como un enemigo (Mt 17, 25-26; Lc 17, 18), y el forastero, con el que hay que usar de las leyes de la hospitalidad generosa y de la caridad siempre comprensiva (Mt 25, 35; 27, 7). El extranjero residente puede ser incluso admitido en la comunidad israelita y se le debe aplicar el precepto del amor al prójimo (Lev 19, 33-34). Los cristianos venidos del paganismo han de ser considerados como los de casa (Ef 2, 19). El cristiano debe pensar que en este mundo es extraño, emigrante, peregrino, caminante hacia la verdadera patria (1 Pe 1, 17; 2, 11). buen samaritano.
E. M. N.
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