Escupir
Jesús, para dar más realismo y plasticidad a sus milagros, como un gesto litúrgico, con su saliva les tocaba la lengua (Mc 7, 33), o escupía en la tierra, hacía barro con su saliva y les untaba los ojos (Jn 9, 6; Mc 8, 23). Saliva la suya benefactora y salvadora. Como contrapartida, los evangelistas nos dicen, en sentido real y figurado, que Jesús fue escupido y abofeteado (Mt 26, 67; 27, 30; Mc 14, 65; 15, 19), tal y como él mismo lo había previamente anunciado (Lc 8, 32), lo que fue para él un acto de escarnio, de afrenta y de humillación. - .
E. M. N.
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