Escándalo
Persona que, con su conducta o con sus palabras, puede inducir a otros a pecar; objeto que puede ser ocasión de tropiezo o de caída. Hay un escándalo que no implica maldad alguna en el que lo provoca; así tenemos que el mismo Dios puede ser motivo de escándalo (Is 8, 14). Jesucristo, de hecho lo fue (Mt 11, 6; Lc 2, 34) con sus palabras (Mt 15, 12; Jn 6, 62). Famoso y triste fue también el escándalo de la cruz (1 Cor 1, 23; Gál 5, 11). Puede ser uno motivo de escándalo aun con la más sana intención, y, por tanto, no existe culpabilidad alguna (Mt 16, 23). Pero hay otra clase de escándalo, que supone una intención perversa en el que lo provoca y que es dura y terriblemente condenado por Jesús (Mt 18, 6; Mc 9, 41; Lc 17, 2). Hay que tener una decisión total para remover y apartar cuanto pueda ser motivo de escándalo (Mt 18, 8-9). Hay que procurar evitar los escándalos y dejar de hacer cosas buenas o indiferentes, si van a ser ocasión de escándalo (Rom 14, 13-21). Hay, por fin, escándalos de los que no hay que hacer caso alguno, pues se deben únicamente a la mala y perversa intención del que lo recibe, como sucedía con los fariseos que se escandalizaban de las buena acciones de Jesús (Mt 15, 14). A esto se ha llamado en la moral cristiana escándalo farisaico. caída.
E. M. N.
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