Dolor
¿Por qué existe el dolor? ¿Cuál es su origen? La Biblia asocia la existencia del dolor al pecado original, como una consecuencia del mismo (Gén 3,1619). Lo siguió considerando en el A. T. como castigo por los pecados personales o de los antepasados. Pero ésta no es una solución adecuada. Hay sufrimientos de hombres justos cuyo origen no está ni en los pecados propios (que no existen), ni en la culpabilidad ajena (cf. el libro de Job). El sufrimiento y el dolor tienen una función expiatoria y salvadora en el Siervo de Yahvé, cargado con los pecados de los hombres (cf. Is 53). El N. T. no excluye que el dolor sea un castigo por el pecado (Lc 13,1-5; Jn 5,14), pero nos ofrece la única solución al dolor, que, de alguna manera, puede tranquilizar y que se encuentra plenamente justificada en la vida de Jesús. Jesús es el verdadero Siervo de Yahvé, entregado al dolor y a la muerte, como medios obligados para salvar al mundo. Como si la misión de Jesucristo fuera esencialmente sufrir y morir (Mt 16,21; Mc 8,31; Lc 9,22; Jn 18,11). Jesús, pues, redime a los hombres a través del dolor (Mc 10,45; 14,22-25; Lc 22,17-20). El dolor precede a la gloria (Lc 24,26). Los que siguen a Jesús tendrán también que sufrir como El (Mc 8,34-38; 10,38; Lc 9,23-24; 14,27): renuncias (Mt 10,24-42), persecuciones (Mt 10,31; Mc 13,11-13; Jn 12,24; 15,18-21), sufrimientos terribles (Jn 16,20-22). Este dolor, que también, como en Cristo, tiene una fuerza purificadora y redentora y que es como una continuación del dolor de Cristo (2 Cor 1,3-6; Flp 3,10), se tornará también en bienaventuranza y alegría (Mt 5,10-12; Lc 6,22-23; Jn 16,20-23). Se explica, pues, que San Pablo presente el dolor como un don especialísimo y como un gran honor, ya que, a través de él, el hombre se hace semejante a Jesucristo (2 Cor 4,10; Flp 3,10; Gál 6,14). — .
E. M. N.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.