Cielo
El cielo es todo lo que hay por encima del firmamento, y el firmamento se concibe como una inmensa placa metálica, que separa el mundo de arriba del mundo de abajo, el cielo de la tierra. El cielo es, antes que nada, morada de Dios (Mt 5,16.45.48; 6,1.9; 7,11; 10,32; Mc 11,25-26), absolutamente inaccesible al hombre (Jn 3,13). Desde allí Dios abre las compuertas del firmamento, que es su propio trono (Mt 23, 22), y envía a la tierra el maná (Jn 6,31), la lluvia (Lc 4,24), el fuego (Lc 9,54; 17,29), los ángeles (Mt 28,2; Lc 22,43), el Espíritu Santo (Mt 3,16; Mc 1,10; Lc 11,13; Jn 1,32-34). San Pablo habla de los cielos, del tercer cielo (2 Cor 12,2; Ef 4,10), es decir, de la más alta morada, donde se sienta el señor soberano del mundo. Por eso, Dios es "el Dios del cielo". Por eso también, levantar los ojos al cielo es levantarlos a Dios (Mt 14,19; Mc 6,41; 7,34; Lc 9,16; 18,13; Jn 17,1). En realidad, el cielo no es lugar alguno, es Dios mismo. El cielo es Dios y el nombre propio de Dios es el cielo (Mt 21, 25; Mc 11,30; Lc 10,20; 15,18.21; Jn 3,27). En el cielo habitan también los ángeles (Lc 2,15). Son, por eso, "los ángeles del cielo" (Mt 24,36), los que están en el cielo (Mc 12,25; 13,32).
"El cielo y la tierra" es una expresión que designa en la Biblia el universo contemplando sin cesar el rostro de Dios (Mt 18,10). El cielo es gloriosa mansión de Jesucristo. Después de su resurrección subió a los cielos (Lc 24,51), donde está sentado a la diestra del Padre (Mc 16,19). Desde allí, y entre las nubes del cielo, volverá al fin de los tiempos (Mt 24,30; Mc 14,62). El cielo es, por fin, la futura y eterna morada del hombre. Hacia allí caminamos (Mt 5,12; Lc 6,23). Conviene, pues, que el hombre procure atesorar las riquezas imperecederas de las que allí podrá gozar eternamente (Mt 6,20; 19,21; Lc 12,33). Para que esto sea así, Dios, desde el cielo, vela continuamente por los hombres (Mt 6,26.32). En el Padrenuestro pedimos a Dios que los hombres cumplamos la voluntad divina como la cumplen los que ya están en el cielo; pedimos también que Dios realice en la tierra el plan que sobre ella tiene establecido (Mt 6,10).
E. M. N.
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