Cárcel
La primera noticia que la Biblia nos da de la cárcel se encuentra en el Génesis y referida a un país extranjero, a Egipto (Gén 39,19-20). En Israel existía oficialmente la prisión preventiva, donde el preso era retenido y custodiado hasta que se celebrara el juicio (Lev 24,11-12; Núm 15,32-34; 1 Pe 22,27; Jer 37,15-18). La cárcel, como institución penal, lugar de cumplimiento de una sentencia judicial, aparece en Israel después del destierro (Esd 7,25-26).
En tiempos de Jesucristo se entraba fácilmente en prisión por no pagar deudas contraídas (Mt 5,25-26). En la Biblia se narran las prisiones de ilustres personajes: Jeremías (Jet 32,2-3; 37,15-21; 38,5-13), Juan Bautista (Mt 14,3; Mc 6,17; Lc 3,20), San Pedro (Act 4,1-3; 12,6-19), San Pablo (Act 16,22-34; 22-28), el mismo Jesús (Mt 26,47ss; Mc 14,43ss; Lc 22,47ss; Jn 18,1ss). La Biblia manifiesta que Dios tiene una especial predilección por los pobres, los presos, los perseguidos y los oprimidos (Is 58,5-7; 61,1-2). San Lucas ve realizadas estas dos profecías en Jesús, que ha venido a evangelizar a los pobres, a predicar la libertad a los presos, a liberar a los oprimidos, a proclamar un año de gracia, un indulto general, total y absoluto, para todos los delitos (Lc 4,18-19). La Biblia considera la prisión como una prueba para el hombre. Estar encarcelado no implica necesariamente ser un delincuente. A veces significa incluso lo contrario, como en el caso de los llamados delitos de convicción, por el que los apóstoles estuvieron presos. Dios escucha los dolores de los presos (Sal 102-20-21). Los que están libres deben solidarizarse con los presos y considerarse presos con ellos (Heb 13, 1-3). El mismo Jesús, que se identificó con todos los hombres, lo hizo de una manera especial con los presos (Mt 25,34-36). - ; pasión.
E. M. N.
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