Bendición
La bendición, más que una o unas palabras, es una acción capaz de transmitir o conferir un don, una gracia. Entre estos dones descuella el don de la vida (Gén 27,25-30). Bendecir es utilizar una fuerza divina, mediante la cual se comunica un don (Núm 6,24-26; Dt 28,3-6). La bendición era igualmente considerada como una fuerza, que pasa del padre al hijo y que entraña transmisión de bienes y de dones (Gén 27; 48,12-20; 33,11; Dt 28,8). La bendición puede ser heredada, y de hecho lo ha sido, pues los cristianos hemos heredado la bendición de Abrahán (Gál 3,8; 1 Pe 3,9). En el A. T., el único que bendice es Dios (Gén 27,28), pues de El exclusivamente procede todo bien (Gén 49,25). Pueden darla también sus delegados, sus representantes (Dt 33; Jos 14,13; 1 Sam 2,20; 2 Sam 6,18; 1 Re 8,14).
En el N. T. sigue siendo Dios el que, por excelencia, imparte la bendición (Mt 25,34). Jesús también bendice, porque es Dios y a la vez su enviado. Bendice a los niños (Mc 10,16) y a sus discípulos (Mc 10,16; Lc 24,50). Bendijo los panes, cuando la multiplicación de los mismos (Mt 14,19; Mc 6,41; Lc 9,16), y, en la última cena, pronunció también la bendición (Mt 26,26; Mc 14,22; Lc 24,30). Los discípulos de Jesús deben devolver bendición’ por maldición (Mt 5,44; Lc 6,28). El hombre, cuando bendice, lo hace en nombre de Dios, el que únicamente puede bendecir (Lc 1,42). El hombre puede también bendecir a Dios, pero en el sentido de alabarle y de engrandecerle (Lc 1,64.68; 24,53). Los hombres piadosos bendecían también a Jesús, es decir, le alababan y, al propio tiempo, reconocían que estaba bendecido por Dios, que era el bendito de Dios, el Mesías (Mt 21,9; 23,39; Mc 11,9; Lc 13,35; 19,38; Jn 12,13). A la bendición de Dios, el hombre debe responder con la acción de gracias, con la eucaristía (1 Cor 10,16).
E. M. N.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.