Árbol
Lo árboles frutales, generosa donación de la madre tierra, estaban protegidos por la ley y nunca debían ser talados en el asedio a las ciudades (Dt 20,10). La obligación del árbol es dar fruto; si así no lo hace, debe ser arrancado y quemado (Mt 3,10; Lc 3,9); debe dar fruto bueno, pues si el fruto es malo, el árbol debe ser también destruido (Mt 7,17; Lc 6,43-44). Por el fruto se conoce el árbol, por las obras se conoce al hombre (Mt 12,33).
El árbol cósmico es el símbolo del universo (cf. Ez 17,22; 31,1-9; Dan 4, 7-9). Jesús lo utiliza como símbolo del reino de Dios, en cuyas ramas anidan los pájaros, en cuya sombra se cobijan los pueblos (Mt 13,32; Lc 13,19).
El árbol de la vida es un símbolo de la mitología oriental; sus frutos comunican la inmortalidad, pero son inaccesibles al hombre. La Biblia, sin embargo, sitúa el árbol de la vida en medio del Paraíso, al alcance del hombre, con lo que parece darse a entender que el hombre, en su origen, era inmortal. El primer pecado cortó definitivamente al hombre el acceso al árbol de la vida (Gén 3,22-24). Al final de los tiempos, el hombre podrá comer sus frutos en el paraíso de Dios (Ap 2,7; 22,2. 14).
El árbol de la ciencia del bien y del mal, que también estaba en el Paraíso (Gén 2,9), y del que el hombre no podía comer, bajo pena de muerte„(-2,,11; 3,3), es asimismo un símbolo de difícil interpretación; quizá el sentido sea el de "saberlo todo", "ser sagaz y entendido".
Por fin, el árbol, el madero de la cruz, patíbulo donde Jesús fue ejecutado, es el símbolo de la maldición, del pecado del hombre, que El cargó sobre sus espaldas (cf. Act 5,30; 10,39; 13,29; Gál 3,13; 1 Pe 2,24). cruz; crucifixión.
E. M. N.
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