Sixto V (24 abril 1585 - 27 agosto 1590)
Personalidad y carrera eclesiástica. Félix Peretti nació en Montalto el 13 de diciembre de 1520. Los orígenes humildes de su familia, pequeños arrendatarios de las cercanías de Ancona, hizo nacer la leyenda de que sus años de adolescencia transcurrieron guardando cerdos, a fin de resaltar su brillante carrera eclesiástica. Ingresó en los franciscanos y tomó el hábito el año 1534. Durante casi veinte años su vida transcurrió enseñando teología en los conventos de su orden y predicando, pero el encuentro que tuvo en 1552 con Miguel Ghislieri, el futuro san Pío V, cambió el rumbo de su vida. Ghislieri, que tenía una gran influencia en la Inquisición romana, le encargó misiones importantes en Venecia (1557-1560), donde tuvo enfrentamientos con la república, y en España (1565), acompañando al legado cardenal Boncompani, futuro Gregorio XIII, para instruir el proceso contra el arzobispo de Toledo Bartolomé Carranza (1503-1576). En 1560 fue nombrado consultor de la Congregación romana de la Inquisición, gracias al apoyo de Ghislieri, y cuando éste fue nombrado papa (7 enero 1566) designó a Peretti vicario general de los franciscanos (1566-1568), obispo de Sant’Agata dei Goti en el reino de Nápoles (1566) y cardenal en 1670, haciéndole miembro de la Congregación del índice, de la de Obispos y de la congregación especial que terminó por condenar oficialmente a Carranza. En 1571 san Pío V le trasladó a la diócesis de Fermo, pero en 1577 renunció por las difíciles relaciones con el nuevo papa Gregorio XIII y se mantuvo apartado de la vida pública.
A la muerte de Gregorio XIII (10 abril 1585), el cónclave eligió papa al cardenal Peretti el 24 de abril de 1585, gracias al apoyo de España y a pesar de la resistencia de algunos miembros del sacro colegio y, sobre todo, de la oposición de la nobleza romana. Tomó el nombre de Sixto V en recuerdo de Sixto IV, miembro también de la familia franciscana. Sixto V, que reunía el severo sentido eclesial de san Pío V y la habilidad de estadista de Paulo III, reforzó el poder de las congregaciones en la Iglesia y la Congregación de la Inquisición se convirtió en el modelo para la reforma de la curia romana.
El gobierno de la Iglesia. Con la política que practicó en los Estados Pontificios pretendía, en primer lugar, luchar contra la violencia y la inseguridad que el bandolerismo y los salteadores habían creado en Roma y en el Estado. El endurecimiento de las disposiciones judiciales, el mejor funcionamiento de la justicia y muchas condenas ejemplares convirtieron al Estado de la Iglesia en una tierra segura. En segundo lugar, trató de imprimir al gobierno político un signo marcadamente absolutista, derivado no sólo de sus antecedentes religiosos sino también de su formación. En tercer lugar, estimuló una política de obras públicas en Roma y en el resto del Estado (desecación de las lagunas pontinas, impulso de la industria textil, etc.) con el fin de aumentar los puestos de trabajo y luchar contra la mendicidad. También tomó diferentes medidas de carácter económico referentes a la deuda pública pontificia, que se incrementó con la creación de once nuevos «montes» o instituciones de crédito.
Los mayores éxitos de la política eclesiástica de Sixto V se centraron en la reorganización de la curia romana, en línea con la evolución de los Estados modernos (Graziani, Sisto V e la riorganizzazione della S. Sede, Roma, 1910). Con la bula Postquam venís (3 diciembre 1586) reorganizó el colegio cardenalicio, y con la siguiente bula Immensae aeterni Dei, de 22 de enero de 1587, estableció un sistema de quince congregaciones permanentes para el gobierno de la Iglesia y del Estado pontificio. Seis de ellas se ocupaban de la administración del Estado pontificio y el resto de los asuntos de la Iglesia universal. La creación de las quince congregaciones (Inquisición, Signatura de la gracia, Consistorial, Abastecimiento de los Estados Pontificios, Ritos, Conservación de la escuadra para la defensa del Estado, índice de libros prohibidos, Ejecución e interpretación de las disposiciones del Concilio de Trento, Recaudación de impuestos, Universidades y escuelas, Regulares, Obispos, Obras públicas, Tipografía vaticana y Estado) representó una aceleración sustancial en la evolución del papado de la monarquía aristocrática del Renacimiento, caracterizada por el dualismo de poderes entre el pontífice y el colegio cardenalicio en el consistorio, a la centralización absolutista del poder en la persona del papa (P. Prodi, // sovrano pontífice, Bolonia, 1982). Esta nueva fase histórica del poder pontificio bajo Sixto V se tradujo en una imagen más combativa de la Iglesia militante, tanto en sus relaciones con los Estados como con las Iglesias locales.
La política eclesiástica de Sixto V se plasmó en el apoyo decidido a los monarcas o partidos católicos en lucha contra los protestantes. En Francia prestó apoyo a la liga católica en aquellos años convulsos de las guerras de religión que precedieron a la subida de Enrique IV (1589-1610) al trono; a Felipe II le concedió ayuda financiera para realizar la empresa contra Inglaterra y continuar luchando contra los calvinistas de los Países Bajos; en el Imperio y en Suiza relanzó con energía la reconquista católica contra los protestantes, tanto apoyando a los soberanos como utilizando modernos instrumentos de propaganda cultural y religiosa.
En un aspecto más estrictamente religioso, Sixto V tomó una medida de gran importancia para la reforma y la aplicación de los decretos del concilio tridentino con la imposición de las visitas regulares de los obispos a Roma, para que informasen del estado de sus diócesis (visita ad limina). La bula Romanas Pontifex (20 diciembre 1580) señaló un plazo de tres años a los obispos de Italia e islas adyacentes para que fueran a Roma; de cuatro a los de Alemania, España, Francia, Inglaterra y Hungría; de cinco a los del resto de Europa, Próximo Oriente y norte de África; y de diez para el resto del mundo. En esta visita ad limina los obispos o sus representantes debían llevar un informe sobre el estado de la vida eclesiástica en sus diócesis, de acuerdo a un esquema previo, que era examinado por la Congregación del Concilio y, después, indicaba al obispo los aspectos que debía reformar en su Iglesia según lo dispuesto por el concilio. Tales informes, a pesar de la reiteración que se observa en muchos de ellos, contribuyeron a afianzar la reforma católica en las diferentes diócesis de la cristiandad.
Sixto V estableció también una comisión para la revisión de la Vulgata, que trabajó con gran escrupulosidad pero con lentitud. Sixto V les urgió para que lo hicieran con más rapidez y él mismo emprendió la corrección del texto sagrado, lo que dio lugar a muchas arbitrariedades. Sin tener en cuenta las muchas objeciones que le hicieron, ordenó publicar aquella Vulgata en 1590, pero como Sixto V murió poco tiempo después, los cardenales impidieron la venta de la edición. Una nueva comisión, instituida por Gregorio XIV, eliminó los errores más crasos y la edición mejorada se publicó en 1592 bajo el patrocinio de Clemente VII como Vulgata sixto-clementina.
Poseído de una pasión constructora, Sixto V quiso convertir a Roma en la ciudad más bella de Europa y en el centro religioso del mundo. Encargó a Giacomo della Porta (1539-1602) que rematase la cúpula de San Pedro, que con el obelisco colocado en el centro de la plaza y el palacio residencial del papa, proyectado por Domenico Fontana, vino a ser para los peregrinos que visitaban Roma el verdadero símbolo de la ciudad eterna. El viejo palacio lateranense cedió sitio a una construcción nueva. Asimismo mandó abrir una calle amplia que unía el Pincio con Santa María la Mayor, basílica en la que ordenó erigir una suntuosa capilla funeraria para sí y para su protector san Pío V. En el Vaticano dividió en dos el cortile del Belvedere mediante la construcción transversal de la actual Biblioteca. El Salonc Sistino (1587-1589), con su alegre decoración, es sin duda el espacio más bello del mundo dedicado a la exposición de libros. Sin embargo, no hay que olvidar que todo el programa sixtino de modernización de la curia, de obras públicas y demás actuaciones, se enmarca dentro de un objetivo fundamental: la afirmación restauradora del catolicismo de la Contrarreforma.
Sixto V murió el 27 de agosto de 1590, a los 69 años de edad. Fue sepultado provisionalmente en el Vaticano, pero poco después fue trasladado a la basílica de Santa María la Mayor y depositado en un magnífico sepulcro de la regia capilla del Pesebre.
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