Sixto II, san (31 agosto 257 - 6 agosto 258)
Griego de origen, su pontificado, aunque breve, resulta importante. El biógrafo de san Cipriano le describe como «bueno y pacífico sacerdote». No modificó la doctrina sostenida por su antecesor, y en un breve fragmento conservado de su carta a Dionisio de Alejandría, se contiene la defensa de la validez del bautismo de herejes, siempre y cuando hubiera sido administrado en nombre de la Santísima Trinidad. Las relaciones con san Cipriano volvieron a ser amistosas, sin duda porque fue aceptada la postura de éste: que pudiera ser competencia de cada obispo, en su propia Iglesia, la solución de los casos que se presentaran. En lo que las dos partes estaban absolutamente conformes era en que la legitimidad de cada sede venía de su fundador, que era siempre, directamente o por jerarquía de discípulos, un apóstol: las enseñanzas recibidas desde aquél constituían un deber de obediencia.
El emperador Valeriano, que comenzara mostrándose tolerante con los cristianos, modificó esta actitud a partir del año 257: se dictaron disposiciones que hacían obligatoria la participación en las ceremonias religiosas paganas y prohibían las reuniones en los cementerios. Esta última disposición exigió una nueva ley, pues quebrantaba la salvaguardia que siempre el derecho romano había otorgado a los cementerios. En pocos meses la persecución se endureció: obispos, presbíteros y diáconos fueron condenados a muerte mientras los laicos eran enviados a terribles trabajos forzados. El 6 de agosto del 258 los soldados entraron en la catacumba de Pretextato y encontraron a Sixto sentado en su cátedra, oficiando rodeado por sus diáconos. El papa y cuatro de éstos fueron decapilados en el mismo lugar; los otros tres sufrirían la misma suerte en los días siguientes. De este modo las autoridades imperiales creyeron haber arrancado de cuajo la Iglesia de Roma. De hecho, por la violencia de la persecución sería imposible dar a Sixto un sucesor durante dos años, hasta que llegaron las noticias de la prisión y muerte de Valeriano.
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