Severino (28 mayo - 2 agosto 640)
Las noticias que llegaban de Oriente causaban la más profunda alarma: los musulmanes, dueños de Jerusalén, se expansionaban en Siria y preparaban un ataque decisivo sobre Egipto. Amplias zonas de cristiandad antigua y prestigiosa estaban ya en poder de los enemigos de la fe. En tales circunstancias fue elegido papa un anciano, hijo de Avieno, nacido en Roma. Aunque la elección tuvo lugar a mediados de octubre del 638, tuvo que esperar veintidós meses ya que no llegaba la confirmación imperial: Heraclio había hecho llegar al exarca Isaac un ejemplar de la Ekthesis con el encargo de que lograra la aceptación del papa antes de conceder el plácet. Hubo negociaciones muy tercas. Los enviados de Severino a Constantinopla no fueron autorizados a regresar hasta que prometieron poner de su parte todo lo posible para que el papa suscribiera el documento. Sobre el propio electo se ejercieron presiones que podrían ser calificadas de malos tratos.
La guarnición de Roma se amotinó: la vacante en el pontificado impedía que se abonaran las soldadas con cargo al tesoro papal, según era ya la costumbre; de Bizancio no podía esperarse dinero. El comandante de esas tropas, Mauricio, cercó a Severino y sus colaboradores en Letrán, obligando al exarca Isaac a acudir a toda prisa. Los bizantinos saquearon las arcas papales, como si fueran un botín de guerra, pagaron los salarios y enviaron una ayuda al emperador para sus guerras. En estas circunstancias se produjo la consagración de Severino, que apenas pudo sobrevivir dos meses. Tan corto plazo evitó que tuviera que pronunciarse en el espinoso asunto de la Ekthesis. Fue enterrado en San Pedro.
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