Inocencio V, beato (21 enero - 22 junio 1276)
Los cardenales no tardaron en elegir al dominico Pedro de Tarantaise en un cónclave que se celebró en Arezzo, aplicándose por vez primera el decreto conciliar. M. H. Laurent (Beatas Innocentius PP. V. Petras de Tarantasia, Roma, 1943) ha trazado la biografía de este maestro extraordinario, nacido en Val d’Isére, dominico y colaborador de san Alberto Magno y de santo Tomás de Aquino, autor de un importante comentario de las Sentencias de Pedro Lombardo y uno de los que más contribuyeron a difundir el pensamiento de Aristóteles. Dos veces provincial de los dominicos en Francia, arzobispo de Lyon, cardenal obispo de Ostia (1273) y colaborador estrechísimo de Gregorio X, fue el primer miembro de su orden que ciñó la tiara. Fue conocido con el sobrenombre de doctor famossisimus.
Hay un contraste entre su saber, acompañado de austera piedad, y la debilidad política que mostró hacia Carlos de Anjou, al que confirmó como senador de Roma y vicario de Toscana. Pidió a Rodolfo (17 de marzo) que pospusiera su viaje a Roma hasta que hubieran sido resueltas sus diferencias con el angevino. Logró la reconciliación de Genova con Carlos de Anjou y la paz entre Pisa, gibelina, y la Liga güelfa de Toscana. Pero todo esto servía al rey de Nápoles para incrementar su poder. Predicó una vez más la cruzada. Y, cambiando la política de Gregorio, suspendió las concesiones que se hicieran exigiendo que todos los obispos del Imperio juraran ya el símbolo de fe con el Filioqae. Era, también, un medio indirecto de indicar a Carlos de Anjou que iba a disponer del apoyo, al menos moral, de la Santa Sede para sus proyectos sobre Constantinopla. La breve duración de su pontificado impidió que el programa llegara a realizarse.
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