Gelasio II (24 enero 1118 - 29 enero 1119)
La contienda entre el emperador y el papa permitió resurgir las facciones en Roma. Frente a los Pierleoni, que apoyaban a Pascual II, se alzaban ahora los Frangipani que acaudillaban el que podríamos llamar partido imperial. Los cardenales se reunieron casi en secreto en Santa María de Pallara, sobre el Palatino, y eligieron canónicamente a Juan de Gaeta, antiguo monje de Montecassino, un sabio anciano que desde 1089 ejercía el cargo de canciller, adquiriendo gran prestigio por su eficiencia y sus escritos. Cardenal diácono, estaba presente y trató de evitar su elección dando tiempo a que Cencío Frangipani, quebrantando el aula, se apoderara de su persona, llevándolo a una de sus casas fuertes. El pueblo, movilizado por el prefecto de la ciudad, acudió a liberarle. Juan de Gaeta, que perdonó a sus enemigos, consideró este movimiento como una señal y aceptó la tiara. Acompañado de sus cardenales se refugió en Gaeta, donde fue ordenado sacerdote y consagrado papa Gelasio II los días 9 y 10 de marzo de 1118. Los alemanes dominaban en este momento Roma.
A esta ciudad acudió el emperador, invitando a Gelasio a que se reuniera con él a fin de negociar. La respuesta fue negativa: en el próximo otoño —anunció el papa— un sínodo a celebrar en Milán o en Cremona, se ocuparía de la debatida cuestión de las investiduras. Entonces Enrique V, declarando vacante el solio, hizo elegir a Mauricio de Braga que, muy curiosamente, quiso llamarse Gregorio VIII. Apenas se hubo alejado el emperador, Gelasio regresó a Roma y fue nuevamente objeto de las violencias de los Frangipani, aunque consiguió huir: unas aldeanas le encontraron oculto en un trigal, medio muerto de hambre, y le ayudaron para que escapara. Llegó a Pisa, donde pudo consagrar la nueva catedral, completamente a salvo. Un sínodo celebrado en Vienne renovó las sentencias contra las investiduras. Tenía previsto un encuentro con el rey Luis VI de Francia en Vézelay, pero murió en Cluny, tendido en el suelo, como hacen los humildes monjes. Durante su viaje había autorizado a san Norberto de Gennep, el fundador de los premonstratenses, a predicar en toda Francia.
Por su parte, Mauricio Burdino conservó hasta 1119 el dominio sobre San Pedro, Sant’Angelo y aquellas zonas de la ciudad de Roma que dominaban y guarnecían los Frangipani. No consiguió que le reconociera como papa nadie más.
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