Formoso (6 de octubre 891 - 4 abril 896)
Antecedentes. Nacido en Roma, en torno al año 815, era un hombre de larga experiencia, como hemos tenido la oportunidad de señalar en la biografía de sus antecesores. Obispo de Porto desde el 864, jugó un papel esencial en las negociaciones con los búlgaros, de los que no pudo ser metropolitano por el canon que prohibía el cambio de sede. Tuvo un papel importante en el sínodo del 869 que condenó a Focio, y desempeñó con eficacia legaciones en Francia y Alemania. El 875 se encargó de la misión de ofrecer en nombre de Juan VIII la corona imperial a Carlos el Gordo. Pero en este momento, y por motivos que desconocemos, entró en discordia con el papa. El vacío que la ausencia de carlovingios provocaba en Italia había permitido a la aristocracia romana tomar la dirección política: se hallaba profundamente dividida en dos sectores que heredaban al parecer las viejas discordias entre francos y lombardos.
Guido de Spoleto parece haber sido defensor de un proyecto: identificar el título de emperador con el de rey de los lombardos, pero haciendo extensivo su poder a toda Italia; se podía presentar a Luis II como el antecedente, pues no había sido otra cosa que esto. En abril del 876, a causa de las discordias de partido, Formoso fue acusado de traición y de haber pretendido apoderarse del pontificado; depuesto y excomulgado, reconoció sus culpas ante una asamblea (agosto del 878) y partió al exilio en Francia. De él regresó con permiso de Marino I, que le devolvió a su sede. Esto le permitió contarse entre los obispos que consagraron a Esteban V. Es muy probable que la persecución contra Formoso se debiera a manejos del partido spoletiano, puesto que tras su elevación al solio el patricio Sergio, que lo dirigía, se mostró su más encarnizado enemigo.
Restaura el Imperio. Formoso estaba en la línea de Nicolás I: la autoridad pontificia se extendía a toda Europa. Defendió los derechos de Adaldag como obispo de Bremen-Hamburgo frente a los arzobispos de Colonia (893). Intervino en favor de Carlos el Simple, rey de Francia, contra las ambiciones de Eudes, conde de París. Realizó, sobre todo, un gran esfuerzo de unidad en Oriente, proponiendo una fórmula de conciliación (se mantendría la ilegalidad de los actos de Focio en la primera etapa, pero no en la segunda) que ya no fue escuchada. Hasta en Inglaterra se acentuaba la presencia de esta autoridad pese a las terribles perturbaciones provocadas por las invasiones normandas.
Intentó construir un acuerdo de paz con Guido de Spoleto, al que volvió a coronar, junto con su hijo Lamberto, en Rávena (30 de abril del 892). Pero los spoletianos, vencedores del marqués Berenguer de Friul, que hubo de refugiarse en Alemania, no aspiraban a una paz, sino a convertirse en dominadores de todo el espacio territorial italiano reduciendo al papa al simple papel de un obispo de Roma. Cuando Guido y su mujer Agiltrudis ocuparon militarmente la ciudad leonina, Formoso comprendió la gravedad del peligro y, una vez más, acudió a Arnull’o en petición de ayuda. Esta vez el rey de Alemania respondió al llamamiento, pero no pudo acudir hasta el año 894. Este año murió Guido y los alemanes ocuparon el norte de Italia; en febrero del 896 tomaron militarmente Roma, obligando a Agiltrudis a huir; el día 22 de dicho mes Arnulfo era coronado solemnemente. Pero cuando el emperador marchaba sobre Spoleto, se vio acometido por una grave enfermedad y hubo de regresar a Alemania. Para los spoletianos, Formoso era el peor enemigo imaginable. Murió el 4 de abril del 896 antes de que pudieran vengarse.
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