Esteban III (7 agosto 768 - 24 enero 772)
El interregno. Sucedió lo que se temía. El papa había dejado de ser una exclusiva autoridad espiritual para convertirse en príncipe soberano y los altos funcionarios del gobierno estaban ahora interesados en elevar a uno de los suyos. Se habían formado dos partidos, uno encabezado por el duque Toto de Nepi, jefe de la milicia, y el otro dirigido por el primicerio Cristóforo, con la nobleza senatorial: estando Paulo en su lecho de muerte, ambos se comprometieron, bajo juramento, a asegurar una elección normal. Apenas fallecido el papa, Toto, faltando a su juramento, se hizo dueño del poder mediante un golpe de Estado, y proclamó a su hermano Constantino, que era laico. Ordenado y consagrado por tres obispos, se instaló en el palacio de Letrán. Constantino escribió en dos ocasiones, en agosto y septiembre del mismo año, a Pipino, pero en ninguna de ellas obtuvo respuesta. Se obligó a Cristóforo a prometer que ingresaría en un monasterio.
No lo hizo así. Por el contrario, fue a advertir de lo ocurrido al duque de Spoleto y al rey Desiderio (757-774). éste proporcionó tropas a Sergio, hijo de Cristóforo, para volver a Roma e imponer el orden. Hubo una sangrienta batalla dentro de la ciudad en la que Toto perdió la vida. Constantino, aprehendido en Letrán, fue privado de la vista. Un clérigo, Wadiperto, que actuaba por cuenta de Desiderio, quiso aprovechar la ocasión para suscitar un papa que pudiera convertirse en fiel instrumento de la política lombarda y escogió para ello a un presbítero, capellán del monasterio de San Vito en el Esquilmo, llamado Felipe: le llevó con escolta a Letrán. Pero los seguidores de Cristóforo no lo consintieron: invadieron la basílica, se apoderaron de su persona y lo devolvieron a San Vito, sin hacerle daño, para que reasumiese sus funciones.
Ahora Cristóforo pudo organizar una elección legal y sacar adelante a su propio candidato: Esteban III, presbítero del título de Santa Cecilia. El primicerias trataba de establecer su propio gobierno personal en nombre de un papa débil. Al principio así sucedió: Esteban no pudo evitar las crueles represalias contra Constantino, Wadiperto y sus respectivos seguidores. Roma estaba viviendo las secuelas de una primera lucha sangrienta por el poder. Entronizado el 8 de agosto del 768, Esteban III se vio abocado a una ingente tarea de restauración.
El pontificado. Comenzó enviando sus legados a Francia para comunicar su elección. Estos legados se encontraron con el hecho de que Pipino había muerto (24 de septiembre del 768) y sus hijos, Carlos y Carlomán, se habían repartido los ya extensos dominios aunque mantenían una forma de gobierno conjunto. Ofrecieron el apoyo que ya era tradicional. Los embajadores que saludaron a los príncipes como «patricios de los romanos», les invitaron a enviar rcprescnlanles para el sínodo que Esteban había convocado en Roma para el año siguiente. Trece obispos francos, en efecto, participaron en él (abril del 769): compareció Constantino II, ciego y evidentemente maltratado, que hizo confesión arrepentida de sus faltas; las disposiciones por 61 tomadas, se declararon nulas; calificado de antipapa se le condenó a penitencia perpetua. El acuerdo más importante del sínodo, como era de esperar, giró en torno a la regulación de las elecciones futuras: sólo el clero tendría derecho a participar en ellas, siendo candidatos únicamente los cardenales presbíteros y diáconos. Desde el año 732 se mencionaba como cardinales a los siete obispos: Esteban aumentó hasta veintiocho el número de tituli a fin de establecer una debida proporción de presbíteros y diáconos también cardinales. A los laicos correspondería únicamente aclamar al elegido. En el sínodo del 769 se condenó la doctrina iconoclasta del Concilio de Hieria.
Una nueva amenaza parecía surgir. Las discordias entre Carlos (768-814) y Carlomán beneficiaron los propósitos de Desiderio, que había entrado en Istria aumentando el ámbito de la diócesis de Aquileia. Las discordias romanas evitaron cualquier intervención del papa. Supo Esteban III que Carlos, empujado por su madre, Bertrada, iba a casarse con la hija de Desiderio, Deseada, y se asustó: calificó el proyecto de maniobra «diabólica» (770). En realidad, Carlos no estaba pensando en suspender la protección sobre Roma y sus dominios, sino en disponer de alianzas, lo mismo que en Baviera y Benevento. El Líber Pontificalis —es la única fuente y por añadidura sospechosa, como ya apreció Louis Halphcn («La papauté et le complot lombard de 771», R. H., CLXXXII, 1938)—, da cuenta de una especie de extraño acuerdo entre Esteban III y Desiderio, el año 771, para librarse de la tutela del primicerio y de su hijo Sergio, los cuales fueron asesinados. Pero con la desaparición de Cristóforo la influencia franca recibía un duro golpe en Roma. Esteban habría escrito a Carlos que se habían lomado duras medidas por haberse descubierto, gracias a «su admirable hijo Desiderio», un complot dirigido a causar su propia muerte.
La abdicación de Carlomán, en este mismo año, convirtió a Carlos en único rey de los francos. Repudió entonces a Deseada y se aprestó a reorganizar la influencia franca en Roma.
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