Calixto II (2 febrero 1119 - 14 diciembre 1124)
La persona. Los cardenales Lamberto de Ostia y Conon de Preneste, que acompañaban a Pascual II en el momento de su muerte, tomaron la decisión de constituirse en cuerpo electoral allí mismo, procediendo a elegir a Guido de Vienne, arzobispo de esta ciudad desde 1088, e hijo de Guillermo de Borgoña. La elección fue canónicamente confirmada por los cardenales que permanecieran en Roma, el clero y el pueblo, el 1 de marzo del mismo año. Calixto estaba emparentado con las casas reales de Francia, Inglaterra, Alemania y Saboya y era tío de Alfonso VII (1126-1157), que se titulaba emperador en Castilla y León. Se esperaba de él que pudiera llevar a cabo una negociación que fuese muy clara, ya que en la crisis de 1112 se había mostrado enemigo de toda clase de concesiones. Stanley A. Chorodow («Ecclesiastical Politics and the ending of the investiture context: the papal election of 1119 and the negotiations of Mouzon», Speculum, XLVI, 1971) entiende que fueron dos circunstancias, la firmeza en la doctrina y la capacidad negociadora, las que permitieron la liquidación de la querella y, de este modo, el cierre de la etapa de reforma que abrieran los papas alemanes. En este sentido, el I Concilio ecuménico de Letrán (1123) es término de llegada de un proceso.
Acuerdo de Worms. Viajando por Francia, donde reunió el sínodo de Toulouse para condenar la herejía de los petrobrusianos, remitió a Enrique V una primera propuesta de negociación con Guillermo de Champeaux (1070-1121), obispo de Chálons, y Poncio abad de Cluny; en Estrasburgo llegaron a un principio de acuerdo que implicaba una buena disposición por parte del emperador para renunciar a las investiduras en ciertas condiciones. Convinieron ambas partes en que los detalles del acuerdo se fijarían directamente por el emperador y el papa en una entrevista a celebrar en Mouzon, con ocasión del sínodo que habría de celebrarse a partir del 20 de octubre. Pero la entrevista y la negociación ulterior fracasaron: el papa no estaba dispuesto a conceder más de lo que se hiciera con Francia y esto no era suficiente, según el emperador. En consecuencia, el sínodo de Reims practicó la ceremonia pública de la excomunión de Enrique: todos los presentes apagaron los cirios y los volvieron hacia abajo. Habiendo concluido una paz entre Enrique I de Inglaterra y Luis VI de Francia, que dejaba todo el Occidente a cubierto, Calixto emprendió entonces el viaje a Roma, siendo recibido en todas partes con muestras de entusiasmo. El 3 de junio de 1120 entraba en la ciudad de la que había huido Mauricio Burdino hasla refugiarse en Sutri. Pero los habitantes de esta ciudad le entregaron en abril de 1121: el antipapa fue paseado por las calles de Roma, montado en un camello y de espaldas, antes de ser enviado a prisión perpetua a un monasterio, bajo custodia de los reyes normandos.
La Dieta de Würzburgo (septiembre 1121) pidió al emperador que se reconciliara con el papa negociando una paz «sin detrimento del Imperio». A principios de 1122 una embajada fue a Roma, donde fue bien acogida por Calixto. éste respondió por medio de una legación de tres cardenales presididos por Lamberto, obispo de Ostia. Fueron necesarios catorce días de debates hasta llegar a un acuerdo en Worms (23 septiembre 1122), que algunas veces aparece calificado como el primero de los concordatos. Calixto concedía en él más de lo que su antecesor otorgara a Francia: las elecciones episcopales tendrían lugar en presencia del emperador o sus representantes, lo que permitía influir de alguna manera en ellas; se haría la consagración con el báculo y el anillo por el correspondiente metropolitano, renunciando el emperador a la investidura eclesiástica; después el obispo recibiría de manos de éste, por medio del cetro, las temporalidades anejas; en caso de elección disputada, al emperador correspondía decidir cuál era la sanior pars.
Concilio. El acuerdo, confirmado en la Dieta de Worms y en el I Concilio de Letrán (1123), noveno en la serie de los ecuménicos, ponía fin a la querella de las investiduras y abría una nueva etapa en la vida del pontificado, ya que sus consecuencias fueron mucho mayores de las que en un primer momento se esperaba. Saltaba por los aires toda la estructura imaginada por Otón el Grande para el Imperio, dando a los principes eclesiásticos un cierto grado de independencia que pronto reclamaron para sí los laicos. Bastarían cien años, precisamente aquellos en que se dibujan las primitivas formas de Estado que llamamos monarquía, para que el Imperio llegara a convertirse en un nombre vacío. Y mientras tanto la Iglesia se alzaba, desde marzo de 1123, a través del Concilio de Letrán, como una gran monarquía pontificia. Ahí estaba la disyuntiva: los fieles a la reforma gregoriana pensaban que había que continuar por el camino ya inaugurado de transformación de la sociedad desde sus individuos en una exigencia cada vez mayor de cristianismo; pero en la curia sería cada vez más fuerte la corriente que pensaba que lo importante era, precisamente, construir la arquitectura de un gobierno eclesiástico.
Los veintidós cánones del Concilio de Letrán que, entre otras cosas, declararon nulo el matrimonio de presbíteros, diáconos y subdiáconos, prohibieron a los laicos disponer de bienes eclesiásticos, otorgaron indulgencia plenaria a cuantos fuesen a Tierra Santa, sometieron a los monasterios no expresamente exentos a la autoridad de sus obispos, y equipararon la Reconquista española a las cruzadas, fueron como el balance final de la reforma. Durante doscientos años la preeminencia de la autoridad pontificia sobre los demás poderes permanecería indiscutida. Y mientras tanto la estructura jerárquica experimentaría un proceso de consolidación.
En relación con España hay que recordar que Calixto II es quien eleva a la sede de Compostela a la calidad de metropolitana. El culto a Santiago y las peregrinaciones jacobeas recibieron un impulso muy fuerte.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.