Benedicto VI (19 enero 973 - julio 974)
Nacido en Roma, hijo de cierto Hildebrando, era el candidato imperial y al mismo tiempo el de quienes deseaban la reforma. Elegido en septiembre u octubre del 972, tuvo que esperar varios meses hasta que, de acuerdo con el privilegium Otonis, llegara el plácet imperial. La aristocracia romana se había reorganizado en un fuerte partido que dirigía ahora Crescendo I, sobrino de Marozia como hijo de Teodora la Joven. Intentó, sin éxito, suscitar un candidato alternativo con el diácono Franco. Benedicto, que había sido presbítero cardenal de San Teodoro, contando con la protección imperial, pudo continuar las medidas de reforma que aprobaban los sínodos: refuerzo del celibato, extensión del monaquismo y persecución de las costumbres simoníacas. Algunos obispos cobraban tasas por las ordenaciones sacerdotales y por otros servicios ministeriales. La calidad de primada en Alemania fue reconocida a la diócesis de Tréveris.
El 7 de mayo del 973 murió Otón I y se originaron fuertes tensiones en Alemania. Con los alemanes lejos, Crescencio consideró que había llegado para él la ocasión que debía aprovechar. Seguramente contaba con el apoyo bizantino para el levantamiento que desencadenó en junio del mismo año. Benedicto fue preso, llevado a Sant’Angelo y allí estrangulado, mientras que el diácono Franco era entronizado con el nombre de Bonifacio VII. Cuando el representante imperial, Sicco, conde de Spoleto, llegó a Roma, la tragedia se había consumado. A pesar de todo, los imperiales decidieron acabar con el antipapa, al que sitiaron en Sant’Angelo. Franco consiguió huir llevándose consigo parte de los tesoros de la Iglesia; se puso a salvo en el territorio bizantino.
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