Alejandro IV (12 diciembre 1254 - 25 mayo 1261)
Elección. Habiendo muerto en Nápoles Inocencio IV, las autoridades de esta ciudad cerraron las puertas obligando a los cardenales a elegir allí mismo. Designaron a un sobrino de Gregorio IX, Reinaldo conde de Segni, que era cardenal desde 1227 y obispo de Ostia desde 1231. Persona amable que no había destacado en los pontificados anteriores. Cardenal protector de los franciscanos, mostraría especial interés por los mendicantes, favoreciéndoles en el pleito que sostenían con la Universidad de París, a la que compensó otorgándole el derecho de poseer sello propio, esto es, jurisdicción independiente. Los electores probablemente esperaban que se mostrase menos implacable con los Staufen que su antecesor. Prácticamente no residió en Roma: repartía sus estancias entre Nápoles, Anagni y Viterbo.
Sicilia. Manfredo (f 1265), bastardo de Federico II, actuaba como regente en Sicilia en nombre de su sobrino Conradino. Alejandro negoció con él, pero se negó a reconocerlo, y en 1255 le excomulgó. Declarados vacantes el reino y el ducado de Suabia, el papa pareció inclinarse por la aceptación de las reclamaciones de Alfonso X de Castilla (1252-1284) a la herencia patrimonial y ofreció el trono de Sicilia a Edmundo, hijo segundo de Enrique III de Inglaterra. Pisa tomó pie de las buenas disposiciones pontificias para enviar una embajada que encontró a Alfonso en Soria (18 marzo 1256) y le invitó a que reclamara también la corona imperial, sugerencia que él aceptó cuando Marsella y otras ciudades se sumaron a la misma. Pero las opiniones en Alemania, inclinadas a prorrogar la vacante, se dividieron entre el castellano, descendiente de los Staufen, y Ricardo de Cornwall (1254-1273), hermano del rey de Inglaterra. El rey de Bohemia votó dos veces, de modo que ambos candidatos pudieron decir que tenían cuatro votos sobre siete. Ninguno tenía fuerzas ni posibilidad de imponerse.
Tampoco Edmundo, a cuya candidatura hubo de renunciar Alejandro en 1258. Manfredo, que había conseguido expulsar del reino a cuantos le combatían, se hizo proclamar rey el 11 de agosto del mismo año, renunciando a la ficción de la regencia. Mientras los gibelinos se extendían por el norte de Italia, Alejandro IV renovó la excomunión contra el flamante rey. Pero los güelfos fueron derrotados en Montiaperti (4 septiembre 1260) y Florencia se convirtió en gibelina, por un tiempo. Ahora Manfredo aparecía como verdadero rey de Italia. Sus partidarios en Roma le eligieron senador, al tiempo que la fracción contraria hacía lo mismo con Ricardo de Cornwall. En este momento el papa vivía al resguardo de los muros de Viterbo, donde murió.
Otros asuntos. Entre otros asuntos corresponde a Alejandro IV haber elevado a Riga al rango de metropolitana. Canonizó a Clara de Asís, extendiendo a sus monjas la protección que dispensaba a los franciscanos. Ordenó en una congregación única a los ermitaños de san Agustín y confirmó en 1255 a los servitas. Antes de 1260 recibió una carta de Hulagu, el khan que conquistara Bagdad, casado con una jacobita, estos es, cristiana nestoriana: pedía el envío de un hombre piadoso e instruido que pudiera enseñar esta religión. El papa delegó en el patriarca de Jerusalén el establecimiento de relaciones con esta rama de mongoles. G. Soranzo (// Papato, l’Europe cristiana e i tartarí, Milán, 1930), tras un minucioso análisis de fuentes concluye que los esfuerzos para crear una cristiandad extremooriental fracasaron por la enorme distancia, el fortalecimiento de los turcos, que crearon una barrera, y finalmente la revolución Ming en China, que rechazaría a los cristianos por considerarlos filomongoles.
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