Adriano IV (4 diciembre 1154 - 1 septiembre 1159)
La persona. Nicolás Breakspeare es el único papa inglés. Hijo de un clérigo que más tarde se hizo monje y nacido hacia el año 1100 en las proximidades de St. Albano, se vio reducido a la absoluta pobreza. Emigró a Francia e ingresó en la orden de canónigos regulares, siendo compañero de estudios de John de Salisbury (1115? - 1180) y discípulo de Gilberto de la Porée y de Pedro Abelardo. Fue elegido preboste, esto es, prior, en San Rufus (Avignon), pero sus compañeros de orden le acusaron ante el papa, falsamente, de excesiva dureza en el trato. Eugenio III lo llamó a Roma, pero lo que hizo fue nombrarlo cardenal obispo de Albano (1149). Entre 1150 y 1153 desempeñó con enorme eficacia la legación en los países escandinavos. En 1152 reunió un gran sínodo en Noruega, en el que se decidió elevar la sede de Nidaros (Trondheim) a metropolitana; más tarde, en Suecia, otro sínodo en Linkóping, hizo lo propio con Uppsala. La elección para suceder a Anastasio fue unánime.
Consecuencias de Constanza. Puso el mayor empeño en restablecer la autoridad pontificia en Roma, donde Arnaldo de Brescia había conseguido fortalecer su posición con dos propagandas: exigencia de pobreza absoluta al clero, sometiendo de este modo a los eclesiásticos; y canto a las viejas glorias de la ciudad, que debía ser restaurada en su antiguo poder. En uno de los tumultos que se produjeron, el cardenal Guido, de Santa Pudenciana, resultó herido. Entonces Adriano fulminó la excomunión sobre Roma, algo que nunca ocurriera y que resultaba inaudito. Pero por este procedimiento consiguió la capitulación del Senado, al que impuso como condición el exilio de Arnaldo de Brescia. Una solución únicamente parcial, pues el Patrimonium estaba seriamente amenazado desde el sur por Guillermo de Sicilia. Adriano pidió a Federico que fuera a Roma y le envió la confirmación del tratado de Constanza. Pero según Peter Rassow (obra citada) y M. Maccarone (Papato e Impero dalla elezione di Federico I a la morte di Adriano IV, Roma, 1959), este documento era tan sólo un acuerdo marco que necesitaba aclaraciones y sin duda debates: ¿dónde está el límite de cada «honor»?
Barbarroja fue a Italia en su primer viaje, el de la coronación. El 8 de junio de 1155 se entrevistó con el papa en Sutri y se produjo ya un roce serio: el emperador se había negado en principio a tomar las riendas del caballo de Adriano y sólo accedió cuando, tras un largo forcejeo, quedó claro que se trataba de un gesto de cortesía hacia san Pedro y no de sumisión. Inmediatamente después hizo entrega de Arnaldo de Brescia, a quien llevaba consigo, el cual fue juzgado y condenado por el prefecto de la ciudad. Las cenizas del revolucionario fueron lanzadas al Tíber para evitar una mitificación del héroe muerto. Pero el mismo día de la coronación (18 de junio de 1155) los alemanes tuvieron que aplastar una revuelta en Roma. Después el emperador regresó sin ocuparse de la amenaza siciliana, y sin que se hubieran hecho las puntualizaciones que exigía el tratado de Constanza.
«Dominium Mundi». Adriano negoció por su cuenta con Guillermo, firmando el tratado de Benevento (18 junio 1156). Rematando la empresa de un siglo, este descendiente de Tancredo de Hauteville recibía el título de rey de Sicilia, Apulia, Capua y Calabria, con la posesión hereditaria de Nápoles, Salerno, Amalfi y la tierra marsa, todo ello en calidad de vasallaje respecto a la Sede Apostólica y con la obligación de pagar cada año un censo de 1.000 marcos de oro. Desde noviembre de 1156 el papa había vuelto a establecerse sólidamente en Roma y contaba, de nuevo, con el respaldo de los normandos.
Para informar de estos acontecimientos, Adriano envió dos cardenales, Rolando Bandinelli y Bernardo de San Clemente. Se habían producido entre lanto importantes cambios en el entorno del emperador: el conde Otto de Wittelsbach y el canciller Reinaldo de Dassel (1120-1167) ejercían una gran influencia. Este último sostenía una doctrina según la cual el honor Imperii coincidía con un verdadero dominium Mundi, ya que la autoridad del emperador era tan universal como la del papa. Los legados de Adriano llevaban el encargo de resolver un conflicto que entre tanto había surgido: Eskil, obispo de Lund, en Dinamarca, a quien en Roma el propio papa entregara el pallium, había sido detenido en Thionville bajo la acusación de ingerencia en territorios propios del Imperio. Federico recibió a los legados en Besancon, donde celebraba una Dieta (octubre 1157). Al traducir la carta del papa al alemán, Reinaldo de Dassel convirtió el término genérico de «beneficios» en lehen, es decir, feudos. Estalló en la Dieta un escándalo al que contribuyó el cardenal Bandinelli cuando, en el calor de la polémica, preguntó de quién recibía el emperador el Imperio sino del papa. Los legados tuvieron que regresar a Roma con las manos vacías y con un mal sabor de ruptura. El papa se dirigió a los obispos alemanes, en indirecta solicitud de apoyo, y pudo comprobar que éstos estaban decididos a cerrar filas en torno a su rey. En consecuencia tuvo que escribir una segunda carta dando explicaciones: él se había referido claramente a beneficios en el sentido moral y no jurídico de la palabra, sin querer decir feudos; la corona imperial no es algo que el papa «otorgue», sino un signo de reconocimiento que «impone».
Primera victoria para Federico, que permitió a éste dar un paso adelante.
Protegiendo con abundantes privilegios a los maestros de Bolonia, el empcrador estaba contribuyendo a la recepción del derecho romano, llevándolo al ex tremo: «quod placuit principi, legis haber vigorem». Frente a las pretensiones de la Iglesia (Dios mismo ha escogido al papa a través de Pedro) enarbolaba olio argumento: el mismo Dios que ha transferido el imperium al pueblo alemán, es coge a través de éste a los emperadores. Con un gran ejército regresó a Italia y, aludiendo a quejas presentadas en una asamblea anterior, sometió Milán (1 septiembre 1168) por la fuerza.
Roncaglia. Una Dieta fue reunida en Roncaglia, el 11 de noviembre de este mismo año. En ella reivindicó para sí todos los antiguos derechos sobera nos (regalías), liquidó las pretensiones comunitarias de las ciudades designan do en ellas magistrados (podestá) encargados de representarlo, y devolvió a los dominios de los nobles su condición de feudos en relación de vasallaje. Es in dudable que se preparaba a restaurar la investidura laica de los obispos. No comprendía, acaso, que todo este programa resultaba arcaico: chocaba abierta mente con las nuevas circunstancias económicas. Milán, Brescia y Piacenza co menzaron a preparar una insurrección de las ciudades, tomando contacto con el papa. Mientras tanto, Federico Barbarroja iba acumulando motivos de dis cordia. Con los bienes de la marquesa Matilde más las islas de Córcega y Cer deña, que el papa reclamaba, hizo un amplio dominio que entregó en vasallaje a Welfo de Baviera a fin de atraerse a este poderoso linaje. Luego nombró a Reinaldo de Dassel arzobispo de Colonia y a un subdiácono para la sede de R;i vena sin consultar siquiera al papa. Adriano reaccionó con energía: la Dieta de Roncaglia no le afectaba porque el honor Petri que es «honor de Dios» signiíi ca plena soberanía sobre el Patrimonium y plena independencia en lo espiritual para los obispos. Anunció que si en cuarenta días no rectificaba, Federico sería objeto de excomunión. Antes de que el plazo se agotara murió el papa, que ha bía comenzado a prepararse para un enfrentamiento estrechando sus vínculos con Guillermo de Sicilia y procurando un acercamiento a Manuel Comneno, emperador de Bizancio.
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