INHUMACIÓN
Cristo fue colocado en una tumba. En la mañana de Pascua, su cuerpo debía lavarse y ser perfumado por las mujeres. En recuerdo de esto, la Iglesia siempre ha preferido la inhumación de los cuerpos, manifestando así su respeto por el cuerpo humano, templo del Espíritu Santo.
Los primeros cristianos celebraban la Eucaristía en las tumbas de los mártires. Es una manera de decir que el cadáver, si no es ya el centro de relación de la persona humana, queda, sin embargo, un cuerpo amado por quienes lo han conocido. Es para ellos el signo de una historia vivida juntos. La sepultura honra su memoria y saben por la esperanza que volverán a verse un día.
Por esta razón la Iglesia fue desfavorable a la incineración, costumbre pagana muy extendida por el mundo antiguo. Inhumar el cuerpo es volver a tomar el simbolismo del grano de trigo caído en tierra, en espera de la resurrección de los muertos.
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