INFIERNO
(del latín, infernus, lo que está debajo). Para muchos pueblos y religiones antiguas, es el lugar de estancia de los difuntos después de su muerte. Para los cristianos, es la privación eterna de la felicidad en compartir la vida de Dios (pena de daño, de aquí la palabra condenación).
El Nuevo Testamento no tiene palabra para designar el infierno como lugar reservado a los pecadores, Hay que recurrir a las imágenes del judaísmo de aquel tiempo, para ver que Cristo evoca esta realidad. Esta enseñanza no precisa nada, tanto sobre la naturaleza de los sufrimientos como sobre la idea de un lugar en el que se sufran estas penas; pone en guardia a cada uno contra la posibilidad efectiva del fracaso de su vida desde la perspectiva de la dimensión eterna. Al ser el hombre libre de rechazar la plenitud de vida y de felicidad ofrecida por Dios eternamente, que se atenga a esta realidad.
El infierno es una posibilidad trágica ofrecida a nuestra libertad. Dios quiere que todos se salven.
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