DESIERTO
Liberado de la opresión de Egipto, pero todavía lejos de la tierra que buscaba, el grupo de los HEBREOS, guiados por Moisés, tuvo la experiencia del desierto, que marcará al pueblo israelita durante toda su historia. Hablar de desierto es recordar el sufrimiento, la soledad, la debilidad y la falta de todo. Pero el desierto es también lugar de purificación, de aprendizaje, de amor que sufre, mas espera y así madura. Es el lugar de los grandes silencios, en donde a veces se oye más claramente la voz de Dios y se puede reflexionar mejor sobre lo que Él dice. También es símbolo de lo que es pasajero, pues obliga a caminar, a renunciar, conservando viva la fe. Y, sobre todo, es lugar de la experiencia de Dios - YAVÉ, que está ahí y camina al frente de los que se comprometen con la liberación. A lo largo de la Biblia se nota más simpatía por el desierto que por la vida en la ciudad: muchos israelitas salieron del desierto, pero el desierto no salió de ellos.
Ver HISTORIA DEL AT. EXODO. MANA.
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