Rito
Las actitudes del hombre hacia Dios tienen que renacer continuamente de ¡a libertad del hombre, pero son tan importantes que no se pueden dejar a la improvisación momentánea o a una total espontaneidad. En esto nos ayudan las tradiciones religiosas propias de cada civilización, las formas de celebración del misterio que implican también la corporeidad, los ritos que expresan de manera variada las distintas sensibilidades culturales. Estos hechos dan una cierta consistencia y estabilidad a las expresiones religiosas con las que el hombre manifiesta el sentido de toda su existencia. El rito plasma los gestos religiosos; éstos, a su vez, expresan, de una forma más explícita, esa general actitud a celebrar el misterio de Dios, que embarga toda la existencia. Lamentablemente, estas conexiones pueden ser alteradas: el rito se puede convertir en un ritualismo externo, meramente formal, que genera unos gestos religiosos separados de la vida e incapaces de expresar la orientación religiosa de la existencia. Estos riesgos, sin embargo, no tienen que desacreditar de forma generalizada la dimensión de rito y celebración del hombre. En sus formas autenticas, es un aspecto fundamental de nuestro ser, porque nos ayuda a dar una consistencia explícita y una relevancia histórica a esa perenne e íntima apertura hacia el misterio que está presente en las profundidades de la persona y vivifica las relaciones del hombre con las demás personas y con las cosas.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.