Poder
Conviene evitar un reparto desequilibrado del poder, cuya concentración hace crecer proporcionalmente la tentación de utilizarlo para intereses particulares, o bien hay que estructurar el poder a fin de reducir los riesgos de que quien lo detenta pueda abusar del mismo. En este sentido se puede entender la función de la institución política y la historia de su transformación de un estado absolutista a un estado de «derecho» y constitucional, el estado democrático con sus correspondientes y progresivos mecanismos de control en el ejercicio del poder. En este contexto se puede entender también la instintiva defensa del ciudadano contra esas formas de estado burocrático o de oculto poder partidista que tienden a hacer vanas las infraestructuras sociales y a privarlas prácticamente de sus poderes decisorios. Recordemos la amarga pregunta que se hace uno de los personajes de Ignacio Silone en Vino y pan. «¿La verdad —se pregunta el protagonista, que ha sufrido y sigue sufriendo a causa de una idea de libertad y de justicia— acaso no se ha convertido para mí en una verdad de partido? ¿La justicia, en una justicia de partido? ¿El interés de la organización, acaso no ha acabado por hacerme atropellar todos los valores morales, despreciados como prejuicios pequeñoburgueses, y no se ha convertido para mí en el valor supremo?»
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.