Palabra de Dios
La Biblia, por el simple hecho de existir como Palabra de Dios, aun antes que por los contenidos que nos propone, se convierte en un consolador viático para todos los momentos de la vida. Pero también los contenidos encienden luces de esperanza. El ejemplo de los creyentes que se han entregado a Dios, sobre todo el de Jesús, que se adhiere al Padre hasta la muerte, nos inspira un sentido profundo de Dios, que es más grande que los bienes que nosotros anhelamos. Además, la Palabra de Dios nos muestra que, mientras que hay algunos bienes que no se nos conceden o que nos son dolorosamente sustraídos, se nos ofrecen otros más importantes: el valor, una solidaridad humana más profunda, un sentido más humilde de nuestra fragilidad, una mayor vigilancia sobre nuestros deseos superficiales, una entrega más fiel a nuestro deber, por encima de fáciles gratificaciones, etc. En definitiva, la Palabra de Dios enciende en nosotros la esperanza en esos bienes misteriosos, pero reales y admirables, que el Padre está preparando en el mundo nuevo para aquellos que, unidos a Jesucristo, se han abandonado totalmente a Su amor. La Palabra debería tener la primacía. Sin embargo, no la tiene. Nuestra vida está muy lejos de ser alimentada y dirigida por la Palabra. Nos orientamos, incluso en el bien, sobre la base de algunas buenas costumbres, de ciertos principios de sentido común; nos remitimos a un contexto tra5 dicional de creencias religiosas y de normas morales recibidas. En nuestros mejores momentos, sentimos un poco más que Dios significa algo para nosotros, que Jesús representa un ideal y una ayuda. Pero aparte de esto, solemos experimentar bien poco hasta qué punto la Palabra de Dios puede convertirse en nuestro verdadero apoyo y consuelo, puede iluminarnos acerca del «verdadero Dios», cuya manifestación nos llenaría el corazón de gozo. Es muy difícil que hagamos la experiencia de cómo el Jesús de los evangelios, que hemos conocido a través de la escucha y la meditación de las páginas bíblicas, puede convertirse realmente en «buena noticia» para nosotros —ahora, para mí en este momento concreto de mi historia—, puede hacerme ver —en una perspectiva nueva y apasionante mi lugar y mi misión en esta sociedad, puede dar un vuelco a la idea mezquina y triste que me había hecho de mí mismo y de mi destino.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.