Padres
La responsabilidad educativa requiere la puesta en juego de la libertad humana y exige preparación, formación, confrontación, esfuerzo. Si es verdad que nos convertimos en padres en el momento del nacimiento de los hijos, también lo es que nos hacemos verdaderamente padres día a día; es más, empezamos a ser padres aun antes del nacimiento de los hijos, de alguna manera aun antes del matrimonio. Ya en el período del noviazgo, podemos y debemos prepararnos para la tarea educativa y el conocimiento de las opciones que eso conlleva. Esta formación tiene que continuar luego permanentemente mediante la escucha, la confrontación con la experiencia de otros, la profundización en algunos temas educativos muy concretos —en los casos difíciles, también el recurso a consultas especializadas en nuestros consultorios y centros de asistencia a la familia—, participando incluso en «escuelas para padres». Por tanto, nos vamos haciendo padres del mismo modo que nos vamos haciendo cada vez más conscientes y competentes en todas las demás responsabilidades de la vida. También los obispos se convierten en obispos el día de su ordenación, pero luego tienen que aprender cada día a ser obispos, por eso es importante el intercambio de experiencias, la confrontación de iniciativas, etc. Por tanto, esto es algo que ocurre a todos los niveles de responsabilidad, y es muy hermoso que se produzca ante todo en esa primera célula de responsabilidad social que es la familia, en la que la confrontación, y también una especie de escuela para padres, puede alentar y consolar, puede abrir los horizontes, quitar la ansiedad de ciertos callejones sin salida, de caminos demasiado oscuros, devolver la serenidad y la confianza.
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