Oración
La oración es, de alguna manera, el mismo ser del hombre que se pone en transparencia a la luz de Dios, se reconoce por lo que es y, al reconocerse, reconoce la grandeza de Dios, su santidad, su amor, su voluntad de misericordia, en definitiva, toda la realidad divina y el plan divino de salvación, tal y como se han revelado en el Señor Jesús muerto y crucificado. Aún antes que palabra, que pensamiento formulado, la oración es percepción de la realidad que inmediatamente florece en la alabanza, en la adoración, en la acción de gracias, en la petición de piedad a aquel que es la fuente del ser. En esta experiencia global, sintética, espiritualmente concreta, emergen y se configuran estos contenidos fundamentales:64 — la percepción de la vanidad de las cosas que han sido arrancadas del proyecto de Dios, percepción que se transforma en súplica, para que nosotros mismos seamos salvados de la insidia de la insignificancia y del vacío; — la percepción de la presencia de aquel que es plenitud y que nunca está ausente y alejado allá donde hay algo que verdaderamente existe; — la percepción del Cristo vivo en el que todo el proyecto divino está resumido y personalizado Ubi Christus, ibi regnum dice san Ambrosio), que funda el reconocimiento y la realidad de la relación de comunión con aquel que es el único Señor y Salvador; — la percepción, en Cristo, de la voluntad del Padre como norma absoluta de vida, de forma que la oración ya no es un intento por hacer que la voluntad divina se identifique con la nuestra, sino la intención siempre renovada de conformar nuestra voluntad con la del Padre; — la percepción de la realidad del Espíritu, fuente de toda la vida eclesial, que reza en nosotros, de forma que la oración nos invita a salir de la soledad y del encerramiento del individualismo y a abrirnos al Reino de Dios que se va instaurando en los corazones y entre los hombres, es decir, en la Iglesia; — la percepción de la cruz como victoria sobre el mal que hay en nosotros y fuera de nosotros, que hace de la oración una actitud de protesta contra el pecado, contra la injusticia, contra el «mundo», la nostalgia de la Jerusalén celeste donde todo es santo.
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