Iglesia
La red de pescar de Simón Pedro, la Iglesia de Pedro, no es una red hecha para un grupito, para una minoría espiritual; es la red para una Iglesia popular, universal, capaz de abarcar a todas las gentes y a todas las categorías de personas. Esta enseñanza siempre ha sido muy necesaria en la historia de la Iglesia. Hallándose ante unos preceptos evangélicos tan sublimes, no pocos cristianos han tenido la tentación de reconstruir una Iglesia de pequeños grupos, de minorías, de hombres y mujeres muy selectos, casi una Iglesia que se distinguiera de la gran masa por una particular santidad, iluminación sobre los misterios de Dios y elevación de vida. Se trata de un deseo que puede tener detrás una sincera voluntad de expresar la altura de la Iglesia de Cristo. Sin embargo, en la imagen de la red de pescar, nos damos cuenta de que no se nos propone simplemente una Iglesia de minorías, sino una Iglesia que, sin quitar nada a las exigencias de los dones del evangelio, está abierta a los humildes, a los pequeños, a los sencillos, a los pobres, a los enfermos, a los que no cuentan, a todos aquellos que de alguna manera pueden encender la llamita de la fe y abrirse al candil de la caridad. Una Iglesia, por tanto, que requiere en sus pastores, en sus responsables, un gran corazón, una gran comprensión, una capacidad de misericordia, una mirada clarividente para proponer un camino educativo capaz de ayudar a todos, incluidos los más débiles, los más desposeídos, a dar pasos sinceros hacia esta plenitud de la red de Pedro.
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