Corrección
Educar no significa concederlo siempre todo. Hay que tener el valor de hacer que la persona que es educada afronte sufrimientos. Educar no significa aprobar siempre, hacer la vista gorda, alentar solamente. Hay que tener el valor de decir la verdad, con el debido respeto. Una educación realista de la persona exige también la corrección, precisamente porque nadie nace perfecto. Todos somos un poco egoístas y ávidos desde que nacemos. El terreno tiene que ser roturado y trabajado, y el administrador, controlado y corregido. Educar a veces significa también «contrariar». Permitir o, peor aún, favorecer el crecimiento incondicional de los instintos negativos de la persona, no frenar sus caprichos, su agresividad destructiva y los vicios que la deshumanizan, no corregir los defectos y las pulsiones egoístas, significa renunciar a su educación. Hay que encontrar la manera adecuada para hacerlo, pero no hay que renunciar a la corrección. La verdad que no procede del amor no educa, exaspera. Sólo de un gran amor paterno y materno nace también la sabiduría de reprender en el momento adecuado y de la forma correcta. Corregir no es solamente decir «te has equivocado», sino explicar las razones («confutar», «convencer»), Esto nace de un amor inteligente que piensa y reflexiona antes de reprender, que no pierde de vista la meta que pretende alcanzar, que recurre a la discreción del diálogo de tú a tú antes de hacerlo públicamente.
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