Compasión
La actitud interior de paz florece en la compasión. Este término tiene varios significados; en la tradición clásica, retomada del budismo, significa ternura y apertura hacia todas las criaturas. De la paz interior nace esa delicadeza, esa atención, esa disponibilidad —hacia toda forma viviente— que se convierte en una razón de vida, en una costumbre adquirida. Es una costumbre de respeto, de cortesía, de escucha. La compasión tiene una profunda raíz metafísica y religiosa, no es sólo un voluntarismo (queremos ser así). Dicha raíz, que los hindúes expresan a su modo, es la unidad del todo y la presencia de Dios en todo. Desde el punto de vista cristiano, podemos expresarla de forma más incisiva mediante la centralidad de Cristo que atrae hacia sí y hace suyas, en un diálogo de alianza, a todas las criaturas, a todos los hombres y mujeres de este mundo. No se trata simplemente de una fraternidad por semejanza, sino de una fraternidad de solidaridad, de una comunión ontológlca más fuerte que la comunión física. En efecto, la comunión ontológica que hay entre nosotros en Cristo es más fuerte que la comunión física; y cuando es integrada en la persona, se refleja en actitudes de respeto, de un amor que llega hasta el perdón. Por tanto, la solidaridad cristiana, la sensación de estar todos en comunión con el cuerpo de Cristo, es la raíz última, teológica, de esta actitud.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.