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El primer anuncio, con el que nace todo el movimiento cristiano, fue el de que Jesús de Nazaret, después de ser ejecutado, había resucitado. Este acontecimiento es muy importante, ya que nos permite aclarar que el cristianismo no tuvo un origen de tipo ideológico. No nació, por ejemplo, de la predicación de la fraternidad entre los hombres, o de la proclamación de la paternidad de Dios (como sostenía Harnack). En sus comienzos no se encuentra una fórmula teológica, ni un programa de renovación moral, sino la simple afirmación de que Jesús de Nazaret, que fue crucificado, vive. Ésta fue la impresión que hasta un magistrado romano poco interesado en las cuestiones religiosas, como el procurador Festo. sacó de las acusaciones que habían sido formuladas contra el apóstol Pablo. Estas acusaciones tenían que ver con «un tal Jesús, ya muerto, y que, según Pablo, está vivo». ¿De qué manera los primeros cristianos anunciaban que Jesús estaba vivo? ¿Con qué fórmulas, con qué expresiones, con qué lenguaje lo hacían? Los primeros discípulos se expresaban con este realismo: Jesús de Nazaret ha resucitado, y nosotros lo hemos visto. No se trataba, pues, ni de la idea de un Cristo que permaneciera vagamente en la memoria de los discípulos ni de una esperanza que sobreviviera a cualquier derrota. Nos hallamos ante el testimonio concretísimo de un encuentro entre personas.
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