CRUZADAS
Las cruzadas fueron expediciones militares de la Europa occidental al Mediterráneo oriental con el fin de sustraer Tierra Santa a la dominación islámica y volver a ponerla en manos cristianas. Hubo cinco grandes cruzadas. La amenaza del islam se dejó sentir en España especialmente en el siglo XI, dando origen a las guerras de la Reconquista. >Gregorio VII abrigó también la idea de llevar a cabo guerras santas con fines reformadores. Poco a poco se fue creando una mentalidad militar cristiana, que respondió a la llamada a la primera cruzada lanzada por Urbano II (1088-1099) en el concilio de Clermont en 1095.
Hacia 1099 Jerusalén fue conquistada, y durante los veinte años siguientes los cristianos trataron de consolidar su victoria estableciendo una serie de Estados latinos. Cuando cayó Edesa el año 1144, se convocó una segunda cruzada, predicada especialmente por san >Bernardo. Se inició en 1147 y no consiguió que los francos se establecieran en Oriente. Cuando en 1187 Saladino conquistó Jerusalén y se apoderó de buena parte de los territorios latinos, fue convocada una tercera cruzada (1189-1192), en la que participaron el emperador Barbarroja, Ricardo I de Inglaterra y Felipe II de Francia. Se recuperaron gran parte de los territorios latinos, pero no se consiguió reconquistar Jerusalén.
La cuarta cruzada se inició en 1202. Su destino inicial era Egipto, pero fue desviada a Constantinopla, que fue saqueada en abril de 1204, dejando un recuerdo imborrable en Oriente y un rencor hacia el Occidente latino que duraría siglos. Luego los intereses de Occidente se dividirían entre el nuevo Imperio latino, Rumania y las necesidades de los francos, sometidos cada vez a mayor presión por los musulmanes.
En la apertura del IV concilio de >Letrán (1215) Inocencio III (1198-1216) señaló la reforma de la Iglesia y la cruzada como los temas principales. La constitución final trata con mucho detalle de la cruzada, propuesta para el 1 de junio de 1217. Pero antes de emprenderse murió Inocencio III y la cruzada no llegó a realizarse.
Hubo algunas otras cruzadas. Muchos grupos, en parte militares, en parte peregrinos, marcharon en apoyo de los Estados latinos. Jerusalén estuvo en manos cristianas de 1229 a 1244. Poco a poco los Estados latinos fueron sucumbiendo al poder musulmán, hasta que en 1291 cayó el último Estado latino. Durante los 150 años siguientes hubo muchas expediciones contra los turcos y se habló mucho de cruzadas. Los griegos acudieron al concilio de >Florencia con la intención tanto de conseguir ayuda contra los turcos como de buscar la unidad de fe con Occidente. Pero faltando la ayuda práctica de Occidente, Constantinopla cayó en manos de los turcos en 1453. Pío II (1458-1464) puso gran empeño en organizar una cruzada, pero no consiguió el respaldo necesario. Con él, si no ya antes con la victoria de los turcos en Nicópolis en 1396, murió definitivamente el ideal clásico de las cruzadas.
Los efectos de las cruzadas en la Iglesia reclaman una matizada valoración. Su popularidad inicial entre los papas, los obispos, el clero y los laicos dio inicio a una espiritualidad de heroísmo y sacrificio y a un amor intenso a los Santos Lugares. La penitencia y oración a que iban asociadas y el logro de indulgencias que perseguían también los cruzados apuntan a valores espirituales. Las cruzadas se consideraban como una expresión valiosa de la vocación cristiana. Los caballeros seculares y las distintas órdenes de caballería estaban unidos por valores comunes a toda la cristiandad; las órdenes de caballeros hospitalarios se ocupaban además de los peregrinos y de todos los que caían enfermos en Tierra Santa. Los impuestos destinados a las cruzadas eran por lo general pagados de buena gana, al menos al principio. Pero la brutalidad de las cruzadas, la venalidad de algunos de los que tomaron parte en ellas, las ambiciones políticas y la búsqueda de riquezas en Oriente son aspectos negativos. Peor aún fueron las masacres de >judíos llevadas a cabo por los cruzados en su camino a través de Europa. Mucho antes de que acabaran, los abusos habían llevado a la gente a desilusionarse con la idea de las cruzadas. Otro motivo de desilusión fue la sensación de desengaño: ¿por qué cosechaban tantos fracasos los que estaban luchando por la causa de Dios?
Más ambigua fue la ampliación de la idea de cruzada a las ofensivas contra los herejes y los infieles. Se procedió así a evangelizar a través de la espada en el centro de Alemania y en el área báltica. Las cruzadas contra los >albigenses estaban teóricamente justificadas como luchas por la fe. En 1208 Inocencio III proclamó una cruzada contra ellos, que se caracterizó por una gran crueldad. El concilio IV de >Letrán y los papas posteriores ampliaron a los que participaban en estas cruzadas los privilegios espirituales de que gozaban los que partían a Tierra Santa. Pero esta ampliación de la idea de las cruzadas se mezcló demasiado fácilmente con intereses políticos y de facciones: las guerras seculares se convirtieron en guerras religiosas y el papado se sirvió a veces de la idea de las cruzadas para la consecución de sus propios objetivos políticos.
El término "cruzada" se ha usado en los siglos XIX y XX en relación con movimientos religiosos de especial fervor, a menudo con un interés particular en la evangelización.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.