Virgen
latín, virgine. Se entiende por v. la joven adolescente soltera que no ha conocido varón. La virginidad entendida como castidad, celibato, continencia no gozaba de mucha estima en los tiempos veterotestamentarios. A la virginidad se le da importancia antes del matrimonio, como se puede leer en las prescripciones legales del A. T. : “La mujer inculpada justamente por su marido de no haberla encontrado virgen al consumar el matrimonio deberá ser lapidada por los hombres de su ciudad hasta que muera”, Dt 22, 13-21. “Si un hombre seduce a una virgen no desposada, y se acuesta con ella, pagará la dote, y se casará con ella. Y si el padre de ella no quiere dársela, el seductor pagará el dinero de la dote de las vírgenes”, Ex 22, 15; 16. El sumo sacerdote sólo podía casarse con una v. de su linaje para no profanar su descendencia, Lv 21, 13; 15. En Ez 44, 22, se exige que los sacerdotes tomen por esposa en todo caso una “virgen de la raza de Israel”.
Si la virginidad prematrimonial era el ideal no casarse y permanecer virgen, era un oprobio. Aún en tiempos recientes, en muchos textos rabínicos se lee que “un hombre no casado no es verdaderamente un hombre”. Cuando el juez Jefté se disponía a sacrificar a su hija en cumplimiento de un voto, ésta le pidió permiso a su padre para andar durante dos meses por las montañas y llorar su virginidad con sus compañeras, ya que moriría sin haber conocido varón sin dejar prole, Jc 11, 37; 39. “Asirán siete mujeres a un hombre en aquel día diciendo: Nuestro pan comeremos y con nuestras túnicas nos vestiremos. Tan sólo déjanos llevar tu nombre, quita nuestro oprobio”, Is 4, 1.
En el N. T. la virginidad adquiere otra dimensión totalmente opuesta a la concepción veterotestamentaria. Jesucristo invita a la continencia a quienes quieran dedicarse exclusivamente al servicio del Reino de Dios, “hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos”, Mt 19, 12. El apóstol Pablo también recomienda la v. al hombre y a la mujer, permanecer solteros, para estar libres de preocupaciones en el servicio cristiano, 2 Co 7, 24-40.
María la madre de Jesús, se mantuvo v. antes del parto, en el parto y después del parto. El anuncio del ángel Gabriel a María: “vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo a quien pondrás por nombre Jesús”, Lc 1, 31. María se turba con el anuncio, pues no ha conocido varón; el ángel le responde que la concepción será virginal: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra”; igualmente, el parto será virginal: “por eso el que ha de nacer será santo y se le llamará Hijo de Dios”, Lc 1, 35.
En la parábola de las diez vírgenes que figura en el Discurso escatológico, éstas representan a los cristianos que esperan a Cristo, el esposo, y deben estar siempre preparados y vigilantes, con la lámpara a punto, pues puede llegar tarde, en la noche, Mt 25, 1; 13.
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