Vida
latín vita. Estado de actividad de los seres orgánicos que se manifiesta en el crecimiento, la capacidad de renovarse, relacionarse y reproducirse. En las Escrituras, no existe un concepto abstracto sobre la v. Esta se toma de manera existencial, como un fenómeno concreto. La v. propiamente tal se da en el hombre y en el animal, que son designados como nefes hajjah, lo que significa “seres que respiran y viven”. Los hebreos veían como causa natural de la v., la respiración, y que ésta circulaba por la sangre, y la sangre era para ellos la sede la v. Es decir, donde no hay sangre ni aliento, no hay v. Como en los vegetales, no hay vida en el verdadero sentido de la palabra, como en el hombre; ni los animales, el verbo hebreo hajjah siempre tiene como sujeto al hombre.
Por otra parte en el A. T. no existe distinción ni división entre la v. física y la v. espiritual, la v. humana, por el contrario, es un todo.
La v. proviene de Dios quien le da al hombre el aliento, nefes, y es un ser viviente, Gn 2, 7. Por tanto, si Dios da la v., él es el dueño de ella y el hombre no puede disponer de la misma a su arbitrio; “Yahvéh da v. y muerte”, 1 S 2, 6. La v., es paradójica, el h. desea prolongarla al máximo, da por tenerla lo que sea, Jb 2, 4; sin embargo, es efímera, por lo que a veces se da cierto pesimismo en los autores sagrados; para algunos la v. pasa como una sombra, Jb 8, 9; Sal 39 (38), 7; 10, 20; son contados los días e la v. del hombre, Qo 2, 3; la v. es corta y triste, Sb 2, 1; el vivir es vano, Qo 6, 12; casi todos los años del hombre son de fatiga y vanidad, Sal 90 (89), 9-10.
La longevidad es señal de benevolencia de Dios Gn 15, 15. En el A. T., no se tenía un concepto de v. de ultratumba, de v. una doctrina de la retribución, del fin distinto del justo y del malvado. Según el A. T., quien muere, bueno o malo va al ® seol, no tenían el concepto de ® resurrección; en el seol, lugar lúgubre la v. se reduce a su más mínima expresión, los que están allí ni siquiera pueden alabar a Dios. Con el tiempo este pensamiento cambió y en los finales de la época veterotestamentaria se encuentran textos en los que se afirma la resurrección de la carne, Sb 4, 14; Dn 12, 2; 2 M 7, 36.
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