Venganza
satisfacción que se toma del agravio u daño recibido. La v. era considerada un derecho y un deber; era cuestión de honor. Estaba permitida por la Ley, y consistía en imponer un castigo igual al daño causado, “pagarás vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, cardenal por cardenal”, Ex 21, 12-25; Lv 24, 17-20; Dt 19, 21. Es decir, ésta, la ley del talión, era una norma de naturaleza social, que limitaba los excesos de la v., como se lee en Gn 4, 23-24: “Yo maté a un hombre por una herida que me hizo y a un muchacho por un cardenal que recibí. Caín será vengado siete veces, mas Lámec lo será setenta y siete”.
Sobre el homicidio la Ley distingue el voluntario y el involuntario. En el primer caso se permitía al vengador de sangre, go`el, el pariente más próximo de la víctima a aplicar la represalia por el crimen, Nm 35, 19; en el segundo caso, para proteger al homicida involuntario, se establecieron las ciudades de asilo o de refugio, Ex 21, 12-13; Nm 35, 22-29; Dt 4, 4131; 19, 4-6; Jos 20.
La v. se ejecutaba según el principio de responsabilidad individua es decir, paga únicamente quien cometió el crimen, no pagarán los padres por los hijos, ni éstos por los padres, Dt 24, 16; Amasías, rey de Judá, aplicó esta ley, como se lee en 2 R 14, 6.
Hay v. injustas y excesivas Gn 34, 27; 2 R 3, 27; Jr 20, 10; Ez 25, 12; Est 8, 3.
El hombre justo pone en manos de Dios su causa y pide v. divina para sus enemigos y los de su pueblo, Is 34, 8; 61, 2; 63, 4; Jr 11, 20; 46, 10; 51, 6.
Siendo el mensaje de Jesús el del amor abolió la ley del talión, Mt 5, 3848; y mandó: “Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen”, Lc 6, 27 35. Pablo en su carta a los Romanos, trae a colación el texto del Deuteronomio, en el cual Dios reclama para sí el derecho de v., Dt 32, 35; y dice el Apóstol que no se debe tomar justicia por la propia mano, sino dejar a la ira divina el castigo del pecado, Rm 12, 19; lo mismo se encuentra en Hb 10, 30.
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