Mártir
griego testigo. Este término se encuentra por primera vez, yatomando el significado que tiene hoy, como el que da el testimonio supremo, el de la sangre, por defender la fe, en Hch 22, 20, usado por Pablo al narrar que él estaba cuando Esteban fue lapidado: “cuando se derramó la sangre de tu testigo Esteban”, es decir, como en el griego, “de tu mártir”. Este concepto de m. se formó definitivamente mucho después, sin embargo los Padres de la Iglesia consideraron a Eleazar, el escriba, un mártir de antes de Cristo, pues se sometió, ya anciano, al suplicio del apaleamiento, antes que violar la Ley, 2 Mc 6, 18-31. Igualmente, en 2 Mc 7, se halla el relato llamado “pasión de los santos macabeos”, que después del ejemplo de Eleazar, muestra la crueldad extendida a mujeres y niños en esas épocas, 1 M 1, 60-64; madre e hijos, siete hermanos, sufrieron el suplicio por mantenerse fieles a la Ley, confiados en la resurrección, y es en este episodio donde aparece por primera vez esta idea: “Tú, criminal, nos privas de la vida presente, pero el Rey del mundo, a nosotros que morimos por sus leyes, nos resucitará a una vida eterna”, 2 Mc 7, 9. A éstos mártires de antes de Cristo y a otros, como el profeta Isaías, que según la tradición fue martirizado por el rey Manasés, se refiere el Apóstol cuando habla de los modelos en la Historia Sagrada: “Unos fueron torturados, rehusando la liberación por conseguir una resurrección mejor; otros soportaron burlas y azotes, y hasta cadenas y prisiones; apedreados, torturados, aserrados, muertos a espada; anduvieron errantes cubiertos de piel de oveja y de cabras; faltos de todo; oprimidos y maltratados, ¡hombres de los que no era digno el mundo!, errantes por desiertos y montañas, por cavernas y antros de la tierra. Y. todos ellos, aunque alabados por su fe, no consiguieron el objeto de las promesas. Dios tenía ya dispuesto algo mejor para nosotros de modo que no llegarán ellos sin nosotros a la perfección”, Hb 11, 35-40. Jesús previno a sus discípulos pues serían perseguidos y martirizados por causa de su nombre, y los exhortó a dar testimonio de su fe, Mt 10, 17-22; 24, 9; la suerte de los discípulos será la misma de Jesús, Jn 15, 18-25.
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