María
hebreo Miryam. Nombre femenino, que puede tener varios significados, como, niña deseada, la amada, la que ama a Yahvéh, rolliza. 1. Profetisa, hija de Amram y Yokebed, hermana de Moisés y Aarón, Ex 15, 20; Nm 26, 59; 1 Cro 5, 29. Cuando moisés, a los tres meses de nacido, fue metido en una cestilla de papiro y puesto entre los juncos del río Nilo, se dice que su hermana “se apostó a lo lejos para ver lo que pasaba”, Ex 2, 4; cuando llegó la hija del faraón y descubrió la cestilla con el niño, su hermana se ofreció para buscar una nodriza entre las hebreas, y llevó a su madre, Ex 2, 7 y 8. Se cree que esta hermana de la que habla aquí el Éxodo, es M.
Después que los israelitas pasaron milagrosamente el mar Rojo M. dirigió a las mujeres que cantaban y danzaban en alabanza a Yahvéh, Ex 15, 20-21. Posteriormente, junto con su hermano Aarón, M. murmuró contra Moisés, porque éste había tomado como su mujer a una kusita. Esta murmuración contra su hermano le acarreó el castigo de Yahvéh, fue atacada por la lepra. Aarón pidió perdón a Moisés y éste intercedió ante Yahvéh para que su hermana fuera curada. Yahvéh ordenó que M. estuviera siete días por fuera del campamento, al cabo de los cuales volvió sana, Nm 12, 1-16. M. murió en Cadés, donde fue sepultada, Nm 20, 1.
En el Deuteronomio, cuando se habla de la lepra y de los cuidados que se deben tener y que es necesario seguir las instrucciones de los sacerdotes, se les recuerda a los israelitas el caso de M. y el castigo divino que recibió, Dt 24, 9. El profeta Miqueas la menciona, con Moisés y Aarón, como guía de los israelitas tras la salida de Egipto, Mi 6, 4. 2. Hija de Méred, descendiente de Caleb, y de Bitía, hija del faraón, 1 Cro 4, 17-18. 3. Madre de Jesús, prima de Isabel, la madre de Juan Bautista, Lc 1, 36, por donde se deduce que era del linaje de Aarón. Sobre sus padres Joaquín y Ana no hay ninguna referencia en el N. T., lo que se sabe de ellos está en escritos apócrifos, como el protoevangelio de Jacob o en el Pseudo-Mateo. En Mateo, Marcos y Lucas, se le menciona por su nombre de M., mientras que en Juan nada más que como la “madre de Jesús”, Jn 2, 1; 19, 25. M. era una doncella de Nazaret, en Galilea, desposada con José, de la estirpe de David. Al sexto mes de que Isabel hubiera concebido a Juan Bautista, el ángel Gabriel le anunció a M. que concebiría y daría a luz a Jesús, Lc 1, 26-38. Tras este anuncio, María visitó a su parienta Isabel, en la región montañosa de Judá, donde pronunció su cántico de alabanza, conocido como el Magnificat, inspirado en el cántico de Ana, 1 S 2, 1-10, que indica que M. era conocedora de las Escrituras, Lc 1, 46-55. José al ver que su esposa, entes de unirse a él, estaba encinta, pensó en repudiarla, pero el ángel del Señor se le apareció para decirle que lo engendrado por M. era obra del Espíritu Santo; que tendría un niño al que debía llamar Jesús, Yehosu’a, porque él salvaría a su pueblo, para que se cumpliese la profecía: “Ved que la Virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel”, Is 7, 14; Mt 1, 18-25.
Sobre la biografía de M. son pocos los datos aportados por los evangelistas. Se dice que fue a Belén con José a empadronarse, según el edicto romano, donde dio a luz a Jesús, Lc 2, 1-7. Que cumplió con Josélos ritos judíos de la circuncisión del niño, la presentación en el Templo y la purificación, Lc 2, 21-24. Que estuvo en Egipto con José y el niño, huyendo de Herodes, que quería asesinar a Jesús. Tras la muerte de Herodes, M. fue con su familia a vivir en Nazaret, Mt 2, 20-23. M., José y el niño iban anualmente a Jerusalén, con motivo de la Pascua, y en una de estas subidas a la ciudad, cuando J. tenía doce años de edad, se les perdió a sus padres y fue encontrado en el Templo discutiendo con los doctores. M. le reprochó su conducta, por lo que Jesús le respondió que debía ocuparse en las cosas de su Padre, con lo que M. y José quedaron perplejos, Lc 2, 41-50. Tampoco se habla que M. acompañara a su hijo en su vida pública, aunque aparece en las bodas de Caná, en el primer milagro de Jesús, cuando ella intercede ante su hijo, pues el vino se había acabado, Jn 11, 1-11. Esta intervención de M. es un símbolo del papel de intercesora entre Dios y los fieles. Cuando M. y los parientes de Jesús le buscan, le da a entender a su madre que su misión está por encima de la propia familia, Mc 3, 31-35; igualmente perpleja que M., dejó a la mujer que quiso elogiar a su madre como dichosa por haberlo llevado en su seno, y Jesús le respondió que dichosos eran quienes oían y guardaban la palabra de Dios, Lc 11, 27-28. Esas dos son las dos únicas alusiones a M. relacionadas con la vida pública de Jesús, hasta cuando vuelve a aparecer al final de la vida de su hijo, dato que sólo aparece en Juan; Jesús en la cruz, antes de expirar, vio a M. y al discípulo amado, Juan, y les dijo, respectivamente: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”; “Ahí tienes a tu madre”. El discípulo, desde entonces, la acogió en su casa, Jn 19, 25. Tras la muerte de Jesús, M. entra a formar parte del círculo de sus discípulos, Hch 1, 14. 4. M. de Betania, hermana de Marta y Lázaro. Era discípula de Jesús, a quien oía atentamente cuando el Señor visitó su casa. En esta oportunidad, Marta le reclamó por no ayudarla en los oficios domésticos, y Jesús le dijo que se agitaba por muchas cosas, cuando una sola era necesaria, lo espiritual, y ésa era la que había escogido M., Lc 10, 38-41. M. estuvo cuando Jesús resucitó a Lázaro, Jn 11,1-44. En Jn 12, 1-8, se dice que Jesús estuvo en Betania, después de la resurrección de Lázaro, y en una cena en casa de M., ésta le ungió los pies al Maestro con perfume de nardo y se los secó con sus cabellos. En Mateo y Marcos también sehabla de una mujer que ungió a Jesús en la cabeza, que parece ser la misma M., de que se trata aquí, Mt 26, 6-13; Mc 14, 3-9. 5. M., madre de Juan, por sobrenombre Marcos, considerado autor del Evangelio de su mismo nombre, de la Iglesia de Jerusalén. En casa de M.
se reunían los fieles de Jerusalén a orar; cuando Pedro fue liberado de la cárcel, habiéndolo puesto preso Herodes, fue a casa de M., Hch 12, 12. 6. M., madre de Santiago el Menor y de Joset. Presenció la crucifixión de Jesús, y es llamada también “la otra María”, Mt 27, 55-56 y 61; Mc 15, 40 y 47; Lc 23, 55. Vio el sepulcro del Señor vacío, en la mañana del domingo, recibió el mensaje de la resurrección del Señor y fue con las otras mujeres a avisar a los discípulos, Mt 28, 1; Mc 16, 1-8; Lc 24, 1-11.
Ella vio al Señor resucitado con las otras mujeres, Mt 28, 9-10. 7. M. Magdalena, posiblemente oriunda de Mágdala, en la orilla occidental del lago de Genesaret. Fue liberada por Jesús de siete demonios, y, desde entonces, con otras mujeres también sanadas por el Señor, lo acompañaba y lo auxiliaba con sus bienes, Lc 8, 2-3. Presenció la crucifixión de Jesús así como su entierro, Mt 27, 55-56 y 61; Mc 15, 40-41 y 47; Jn 19, 25. Estuvo con las otras mujeres el domingo de mañana, y vio el sepulcro vacío, y, tras recibir el mensaje de la resurrección de Jesús, corrió a avisar a los discípulos, Mt 28, 1-8; Mc 16, 1-8; 24, 9-11; Jn 20, 1-10. Fue la primera persona a quien Cristo resucitado se apareció, Mc 16, 9; Jn 20, 11-18. 8. Cristiana de la Iglesia de Roma, a la que Pablo manda saludar en su carta a esta comunidad, Rm 16, 6.
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