Jehú
nombre de varón. 1. J. décimo rey de Israel, 841-814 a. C. Hijo de Josafat, hijo de Nimsí. J. era jefe del ejército del rey Joram, cuando Yahvéh envió a Eliseo para que lo ungiera rey, misión que cumplió un discípulo de Eliseo, 1 R 9, 16.
En la batalla contra Jazael rey de Damasco, en Ramot de Galaad, el rey Joram fue herido y se retiró a Yisreel a curarse, quedando al mando del ejército J. El profeta Eliseo, entonces, envió a uno de sus discípulos a Ramot de Galaad, para que buscara a J. y lo ungiera como rey de Israel.
El discípulo del profeta derramó el óleo sobre la cabeza de J. y le dijo. “Así habla Yahvéh, Dios de Israel. Herirás a la casa de Ajab, tu señor, y vengaré la sangre de mis siervos los profetas y la sangre de todos los siervos de Yahvéh de mano de Jezabel. Toda la casa de Ajab perecerá y exterminaré a todos los varones de Ajab. Libres o esclavos, como la casa de Jeroboam, hijo de Nebat, y como la casa de Basá, hijo de Ajías. Y a Jezabel la comerán los perros en el campo de Yisreel; no tendrá sepultura”, 2 R 9, 1-10. Cumplida la unción, J. fue proclamado por sus oficiales como nuevo rey, los cuales colocaron sus mantos a los pies de J. y tocaron el cuerno, 2 R 9, 11-13. El mismo J. marchó a Yisreel, donde mató a Joram, rey de Israel, y a Ocozías, rey de Judá, y se tomó el poder, 2 R 9, 14-29. Posteriormente, J. entró en Yisreel e hizo que los eunucos que estaban con Jezabel en el balcón de su palacio la arrojaran de allí, la cual murió y fue pisoteada por los caballos. Cuando fueron a buscar el cadáver de Jezabel para darle sepultura, sólo encontraron el cráneo, los pies y las palmas de as manos, según había profetizado de ella Elías, 1 R 21, 23; 2 R 9, 30-37. J. hizo decapitar a los setenta hijos que Ajab tenía en Samaría y sus cabezas fueron enviadas en cestas a Yisreel, apiladas en dos montones a la de la puerta del palacio. Por la mañana, J. se presentó ante el pueblo para decirle que se había cumplido la palabra de Yahvéh, por boca del profeta Elías: “J. mató a todos los que quedaban de la casa de Ajab en Yisreel, a todos sus magnates, sus familiares, sus sacerdotes, sin dejar ni uno con vida”, 2 R 10, 1-11. Camino de Samaría, en Betequed de los Pastores, J. se encontró con los parientes del asesinado rey Ocozías de Judá y ordenó darles muerte, cuarenta y dos hombres fueron degollados en la cisterna de Betequed, 2 R 10, 12-14. Una vez en Samaría, J. exterminó a todos los supervivientes de Ajab en esta ciudad, 2 R 15, 17. J. hizo reunir a todo el pueblo y convocó a todos los profetas y sacerdotes de Baal así como a sus fieles, pues, astutamente, les dijo que si Ajab había rendido algún culto a este dios, J. le daría más. Con esta estratagema, J. mató a los adoradores de Baal y destruyó su santuario, 2 R 10, 18-27. J., en su celo yahvista, erradicó el culto a Baal en Israel, y por haber cumplido lo que Yahvéh tenía decidido sobre la casa de Ajab, el Señor le dijo que sus descendientes ocuparían el trono de Israel hasta la cuarta generación. Sin embargo, J. conservó los santuarios de Betel y Dan, que había construido Jeroboam. Habiendo cumplido así la profecía divina, Yahvéh anunció a J. de I. que sus descendientes serían reyes de Israel hasta la cuarta generación, 2 R 10, 28-31. Pero, como sucedió con aquéllas naciones que Yahvéh usó como su azote contra la infidelidad de su pueblo y después eran castigadas por su maldad, con J. sucede algo parecido; el profeta Oseas, muchos años después, predijo: “Dentro de poco visitaré yo la casa de Jehú por la sangre derramada en Yisreel, y pondré fin al reinado de la casa de Israel”, Os 1, 4. J. tuvo guerra con Jazael, rey de Damasco, y los israelitas perdieron sus territorios en Transjordania, 2 R 10, 32-33. J., rey de Israel, tras veintiocho años en el trono, murió y fue sepultado en la ciudad de Samaría, sucediéndole en el reino su hijo Joacaz, 2 R 10, 35-36. 2. J. el profeta, hijo del vidente Jananí. J. le predijo a Basá, rey de Israel, 909-886 a. C., que Yahvéh lo exterminaría a él y su casa por haber hecho pecar al pueblo, igual que lo hizo Jeroboam, 1 R 16, 1-4. También, le reprochó a Josafat, rey de Judá, 870-848 a. C., su alianza con Ajab, rey de Israel, 874-853 a. C.; sin embargo las buenas acciones de Josafat le valieron el perdón, 2 Cro 19, 2-3. En 2 Cro 20, 34, se dice que es autor de una historia sobre el rey Josafat. 3. Hijo de Obed, de la descendencia de Judá, 1 Cro 2, 38. 4. Hijo de Josibías, descendiente de Simeón, 1 Cro 4, 35. 5. Benjaminita de Anatot, uno de los primeros que se unieron a David en Siquelag, 1 Cro 12, 3.
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