Israel
cuando el patriarca Jacob iba al encuentro de su hermano Esaú, de quien se había separado cuando aquél le escamoteó la primogénita, en la noche, se levantó y cruzó, junto con los suyos y todo lo que tenía, el vado de Yabbok. Al quedarse solo, estuvo luchando con alguien hasta el amanecer. Éste personaje le dislocó el fémur a Jacob, y al rayar el alba le pidió que lo soltara. Pero Jacob, al reconocer en su adversario a un ser sobrenatural, Dios, se aferra a él hasta conseguir su bendición. Es aquí cuando Dios le cambia el nombre: “En adelante no te llamarás Jacob, sino I., porque has sido fuerte contra Dios y contra los hombres, y le has vencido”, Gn 32, 23-33. I. puede significar “muéstrese Dios fuerte”, sin embargo popularmente se ha interpretado como “él ha sido fuerte contra Dios”. Tras el reencuentro con su hermano Esaú, Jacob se fue a Siquem, donde compró una parcela y erigió un altar al que llamó “Él, Dios de Israel”, Gn 33, 18-20. Jacob, por orden de Dios, va a Betel, y Dios se le aparece y, de nuevo, le dice: “Tu nombre es Jacob, pero ya no te llamarás Jacob, sino que tu nombre será Israel”, y le renovó la promesa hecha a Abraham, que sería fecundo, que una multitud de pueblos se originarían en él y que saldrían reyes de sus entrañas, Gn 35, 1-14. Los hijos de Jacob fueron doce, Gn 35, 22-26. de los que se desprenden las doce tribus, también denominadas de Israel, como se les llama tras las bendiciones de Jacob a sus hijos, antes de morir, Gn 49, 28. De Lía le nacieron a Jacob, Rubén, el primogénito, Simeón, Leví, Judá, Isacar y Zabulón; además le dio una hija, Dina, Gn 30, 21. De Raquel, José y Benjamín. De Bilhá, la esclava de Raquel, Dan y Neftalí. De Zilpá, la esclava de Lía, Gad y Aser.
El nombre de I. comenzó a designar a los hijos de Jacob y toda su parentela “Israel residió en Egipto, en el país de Gosen; se afincaron en él y se multiplicaron sobremanera”, Gn 47, 27; luego, a todo el pueblo, así lo denominaron los egipcios, Ex 1, 8; 9, 7; Yahvéh manda a Moisés a hablar con los ancianos de I., Ex 3, 16 y 18; Yahvéh dice que su hijo primogénito es el pueblo de I., Ex 4, 22; Moisés le dice al faraón que Yahvéh es el Dios de I., Ex 5, 1-2; cuando las plagas de Egipto, la quinta, que mata el ganado, Yahvéh distingue entre el ganado de I. y el de Egipto; al de I. nada le pasará, Ex 9, 4-5; igual, con la décima plaga, Ex 11, 7. Cuando la institución de la Pascua, se habla de la comunidad de I., Ex 12, 3/6/19/47. Israel, pueblo de Dios, se dice en Ex 18, 1. En el Sinaí, Yahvéh llama al pueblo casa de Jacob e hijos de I., israelitas, cuando le hizo la promesa de la Alianza, Ex 19, 3 y 6. Según la tradición, en el reinado del faraón Meneptah, 1224-1204 a. C., sucedió el éxodo, y este soberano inscribió por primera vez el nombre del pueblo de I. en la historia, fuera de la Biblia, en una estela en la que se vanagloría de una victoria sobre los israelitas: “Israel está arrasado y no tiene semillas”; otro de los tantos autoelogios de los soberanos, que abundan en la historia de la humanidad. Después de la travesía por el desierto, dirigido por Moisés, I. cruza el Jordán ahora bajo el mando de Josué e inicia la conquista de la tierra de Canaán, se establece en la zona montañosa sin poder conquistar todo el territorio. En la asamblea de Siquem, se hace la confederación anfictiónica de tribus de I., Jos 24; y ca. 1125 a. C., la profetisa Débora y Baraq vencen a los cananeos en Jaróset Haggoyim, en el noroeste de la llanura de Yisreel, Jc 4. Sin embargo, no derrotaron a los filisteos, quienes estaba organizados en una federación de ciudades-Estado, en la costa meridional de Palestina y dominaban ciudades en el norte y en el este, contaban con un ejército organizado y con mejores armas que los israelitas, pues conocían la fundición del hierro, y derrotaron al pueblo de I., que no contaba con ejército profesional.
El problema filisteo la derrota de I. en Afeq, así como la presión de los ammonitas y la división y constantes problemas entre las tribus produjo la necesidad de la unidad y el establecimiento de la monarquía. Ca. 1030 a. C., Saúl, de la descendencia de Benjamín, fue el primer rey panisraelita y quien comenzó a organizar un ejército profesional, y los filisteos son rechazados hasta su territorio, 1 S 14; de nuevo I. se enfrentó a los filisteos en el valle del Terebinto, cuando David venció a Goliat, 1 S 17; y la batalla de Gelboé, el desastre, cuando murió el rey Saúl, ca. 1010 a.C., 1 S 31. Esto trajo como consecuencia la división del reino, las tribus del sur se unieron y proclamaron, en Hebrón, a David, rey de Judá, ca. 1010 a. C., 2 S 2, 4. Por otro lado, Isbaal, el hijo superviviente de Saúl, fue proclamado rey de Israel, del Norte, por Abner, jefe del ejército de Saúl, quien reinó un escaso tiempo en medio de la guerra entre la casa de David y la de Judá, 2 S 2, 9. Los asesinatos de Abner y de Isbaal dieron como resultado la reunificación de I., y David fue ungido también rey de Israel, en Hebrón, 2 S 5, 3. David tomó Jerusalén, la fortaleza mejor protegida de Palestina, ca. 1000 a. C., a la que hizo capital política y religiosa del reino. Su ejército dominó a los filisteos y conquistó a los edomitas, ammonitas y moabitas. David organizó el clero y lo concerniente a la religión y al culto. David murió ca. 970 a. C, y los territorios alrededor de Israel estaban sometidos o se tenían tratados de amistad con ellos. El reino de Israel alcanzó su máxima extensión, el mayor esplendor y prosperidad bajo el gobierno de Salomón, hijo de David, ca. 970-931 a. C. Salomón administró correctamente el tesoro que le dejó su padre, organizó y unificó la administración del reino; abrió rutas comerciales con África, Asia Menor, Arabia, estimulando la industria y el comercio.
Construyó el Templo hizo obras suntuosas y en su corte se vivía con todo tipo de lujos; gobernó de manera absolutista e impuso muchos gravámenes al pueblo. Al morir Salomón, de nuevo volvió la división del reino. Roboam sucedió a su padre Salomón y fue reconocido inmediatamente en Judá, 931-913 a. C.; pero las tribus del Norte se rebelaron, pues en la asamblea de Siquem el pueblo le pidió a Roboam reformas y que quitara las pesadas cargas impuestas por Salomón, y Roboam contestó que, por el contrario, las aumentaría. Pero Jeroboam, hijo de Nebat, efraimita, que estaba en Egipto, pues había huido de Salomón, posiblemente tras una conspiración, regresó y la asamblea lo proclamó rey de Israel, en el Norte, 931-910 a. C., cuyos habitantes formaban parte de diez de las doce tribus de Israel, quedando por fuera las de Benjamín y Judá, y estableció la capital en Siquem, luego la trasladó a Tirsá, hasta la fundación de Samaría, en época del rey Omrí, 885-874 a. C.; por otra parte, Jeroboam I también creó el cisma religioso, construyó lugares de culto en los altos, fundió dos becerros de oro, uno lo puso en Betel y otro en Dan, nombró sacerdotes y estableció fiestas religiosas, 1 R 12.
Tras la división en el reino del Norte, Israel, se sucedieron distintas dinastías, mientras que en el de Judá permaneció el linaje de David, hasta la toma de Jerusalén por los caldeos, fin del reino del Sur. Los dos siglos siguientes de la historia judía, a partir de la división, son un continuo conflicto entre pequeños estados enfrentados entre sí, Israel, Judá, Moab, Edom y Damasco. Sin embargo, Durante los primeros años del siglo IX a. C., y bajo el reinado del rey Omrí, 885-874 a. C., Israel se fortaleció, controló a Moab. Este soberano fundó la ciudad de Samaría y la hizo capital del reino. Hubo paz y prosperidad en su reinado. A Omrí lo sucedió en el trono su hijo Ajab, 874-853 a. C., quien se casó con Jezabel, hija de Itobaal, rey de Tiro, quien llevó a Israel sacerdotes de Baal y el rey, bajo su influencia, construyó un templo a este dios, lo que produjo protestas de tipo político y religioso, pues se vulneraba el ideal teocrático de los israelitas. Los profetas tuvieron gran influencia antes estos problemas, que se presentaban en ambos reinos. En Israel, los profetas Elías, Eliseo, Amós y Oseas denunciaron estas desviaciones y clamaban por volver a Ley. En Judá, Isaías y Miqueas denunciaban la idolatría, la inmoralidad y la vida relajada. Además, en el siglo VIII a. C., el poder asirio creció hasta dominar el Oriente Próximo.
La división había dejado dos reinos débiles que quedaron expuestos a la voracidad de los imperios vecinos que comenzaban a ampliar sus territorios.
El reino de Israel cayó en manos Asiria 722 ó 721 a. C., Samaría fue asediada por el rey Salmanasar V y su hijo Sargón la tomó, sus habitantes fueron deportados y en su lugar fueron establecidos extranjeros, y el reino del Norte desapareció en la historia, 1 R 17, 5-6 y 24; 18, 9- 12. El reino de Judá fue conquistado por Nabucodonosor, rey de Babilonia, en el año 597 a. C., deportando a muchos habitantes de Jerusalén, 2 R 24, 10-17; diez años después, Nabuzaradán, jefe de la guardia de Nabucodonosor, arrasó la ciudad de Jerusalén, destruyó el Templo y llevó a cabo una segunda deportación a Babilonia, 2 R 25, 1-21.
Destruido el reino del Norte se llamó I. al de Judá, el profeta Jeremías se dirige al reino del Sur como “casa de I.”, Jr 10,1, pues como se decía atrás, en Judá se mantuvo la estirpe de David, lo que no sucedió en el Norte. Tras la vuelta del destierro en Babilonia, tomó fuerza el término judío, yehudí, que inicialmente significaba ser de la tribu de Judá. Hoy en día se usan como sinónimos los términos hebreo, israelita y judío.
Los reyes de Israel Jeroboam I 931-910 Nadab 910-909 Basá 909-886 Elá 886-885 Zimrí 885 Omrí 885-874 Ajab 874-853 Ocozías 853-852 Los reyes de Israel (continuación) Joram 852-841 Jehú 841-814 Joacaz 814-798 Joás 798-783 Jeroboam II 783-743 Zazarías 743 Sal.lum 743 Menajem 743-738 Pecajías 738-737 Pecaj 737-732 Oseas 732-724 Istar, diosa principal de Asiria y Babilonia, la misma Astarté mencionada en las Escrituras, nombre griego de Ashtoreth, deidad fenicia del amor y de la fecundidad. Era una diosa venerada entre los cananeos y su culto penetró en Israel, el rey Salomón en su ancianidad, dice el texto sagrado, “marchaba tras A.”, 1 R 11, 5 y 33; 23, 13. Se le asocia con Baal y a veces se usa el plural Baales y Astartés para referirse a las divinidades cananeas en general, Jc 2, 13; 10, 6; 1 S 7, 3-4; 12, 10. En otros lugares, se le llama Aserá, deidad de las mismas características de I., Jc 3, 7; 1 R 15, 13; 2 R 21, 7; 23, 4; 2 Cro 15, 16.
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