Inspiración
latín inspirare, insuflar. Dios insufló en las narices del hombre aliento de vida, Gn 2, 7. La palabra i. indica una forma de revelación por parte del espíritu divino a un hombre, independientemente de su voluntad y de su intelecto. El inspirado, que habla o escribe, es instrumento que transmite lo que le inspira, insufla, el espíritu divino. Así, Moisés trasmitió a la humanidad el decálogo que Yahvéh le mandó escribir en las tablas, “entonces escribió Moisés todas las palabras de Yahvéh”, Ex 24, 3; Ex 34, 27-28. Dios llamó a los profetas y los preparó desde su nacimiento para proclamar y dejar por escrito sus palabras, Is 8, 1; 30, 8; 49, 1-5; Jr 1, 5-9; 36, 1-4; Ez 2; Am 7, 14-15; Ha 2, 2. Sólo los falsos profetas hablan por sí mismos, Jr 28, 15; 29, 9. Las Sagradas Escrituras son consideradas como de i. divina y no obra humana, como lo dice el apóstol Pedro: “porque nunca profecía alguna ha venido por voluntad humana, sino que hombres movidos por el Espíritu Santo, han hablado de parte de Dios”, 2 P 1, 21. Lo mismo reafirma Pablo: “toda Escritura es inspirada por Dios”, 2 Tm 3, 16.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.