Imposición de manos
gesto simbólico muy común en las Escrituras, que se llevaba a cabo con diferentes significados y finalidades. Se imponían las manos para bendecir a alguien, Jacob lo hizo, antes de morir, para bendecir a los hijos de José, Manasés y Efraím, Gn 48, 14.
Jesús bendecía a los niños imponiéndoles las manos, Mt 19, 13-15; Mc 10, 13-16; Lc 18, 15-17. Para comunicar a alguien una dignidad e impartirle órdenes, así cuando Josué fue hecho jefe de los israelitas, como sucesor de Moisés, y éste le impuso su mano, delante de todo el pueblo, Nm 27, 18-23; Dt 34, 9. En los holocaustos, el oferente imponía sus manos sobre la cabeza de la víctima, para significar que es su propio sacrificio, Lv 1, 4/7/12; 4, 4 y 24; 8, 14/18/22; 16, 21. En gran día de la expiación, el sacerdote le imponía las manos sobre la cabeza al macho cabrío que se soltaba en el desierto, para que cargara con todos los pecados del pueblo de Israel, Lv 16, 21-22. Al blasfemo condenado a lapidación los miembros de la comunidad le imponían las manos antes de ejecutarlo, Lv 24, 14. Jesús imponía las manos a los enfermos para sanarlos, Mc 6, 5; 7, 32; Lc 4, 40; 13, 13; Jesús les dijo a sus discípulos que uno de los signos que acompañarán a quienes crean en él, será el de imponer las manos en su nombre a los enfermos y sanarlos, Mc 16, 18.
En la época apostólica con este gesto se curaba a los enfermos, así le devolvió Ananías la visión a Saulo, Hch 9, 12 y 17. Con este gesto de la i. de las m. se nombraba a alguien para un cargo en la Iglesia o para darle una responsabilidad, sobre lo cual se dice que se debe tener cuidado, que no hay que precipitarse en imponer las manos a cualquiera, Hch 5, 22; como cuando se eligió a los Siete, Hch 6, 6; el Espíritu Santo escogió a Saulo y a Bernabé como misioneros, la comunidad les impuso las manos y los enviaron, Hch 13, 3; para transmitir una gracia o carisma, como el que consagra al ministerio a Timoteo, 1 Tm 4, 14; 2 Tm 1, 6; Hb 6, 2.
Se imponen las manos a los bautizados para transmitirles el Espíritu Santo, como lo hicieron los apóstoles Pedro y Juan con los de Samaría, Hch 8, 17. En Éfeso Pablo encontró unos discípulos que no habían recibido el Espíritu Santo, pues sólo habían tenido el bautismo de Juan, y el Apóstol les impuso las manos y vino sobre ellos el Espíritu Santo, comenzaron a profetizar y a hablar en lenguas, Hch 19, 1-6. Al ver esto, un tal Simón, ofreció dinero a los apóstoles para que le transmitieran el poder de hacer venir al Espíritu Santo sobre aquel a quien él impusiera sus manos. Pedro le recriminó su conducta y le respondió: “Que tu dinero sea para ti tu perdición; pues has pensado que el don de Dios se compra con dinero”. Simón se arrepintió, lloró y pidió a los apóstoles que rogaran a Dios por él, Hch 8, 18-24. De este episodio viene la palabra simonía, para significar el tráfico comercial con las cosas santas, Incienso, gomorresina que se extrae de las incisiones en el tronco de algunas burceráceas, que se solidifica al contacto con el aire, y que al arder despide un olor agradable. En el Santuario y en el Templo de Salomón había un altar para quemar el i., recubierto de oro puro, Ex 30, 1, 9; 37, 25-28; 39, 38;40, 5 y 27; 1 R 6, 20-21. (Ct 3, 6). Las oblaciones debían acompañarse de una ofrenda de i., Lv 2, 1-2 y 15-16; 6, 7-11; Sobre cada hilera de seis panes de la Presencia, se ponía i. puro, Lv 24, 7. Los únicos que podían ofrecer i. delante de Yahvéh eran los descendientes de Aarón; por violar esta norma fueron castigado Coré y su cuadrilla, Nm 16; 17, 5; Nadab y Abihú murieron por ofrecer incienso que Yahvéh no había mandado, Lv 10, 1-2; el rey Ozías enfermó de lepra al querer ofrecer incienso por su cuenta, 2 Cro 26, 16-18.
En los ritos idolátricos los paganos también quemaban i. a sus dioses, y muchos israelitas lo hicieron, Lv 26, 30; 1 R 3, 3; 11, 8; 12, 33; 13, 1-2; 22, 44; 2 R 12, 4; 14, 4; 15, 4 y 35; 16, 4; 17, 11; 22, 17; 23, 5 y 8.
Los reyes magos le llevaron al Niño Jesús riquezas de Oriente como presente, entre ellas, i., Mt 2, 11.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.